Afirma que "la fortaleza del euro es un asunto serio"

Draghi sugiere que tomará medidas en junio para atajar la baja inflación

El presidente del BCE, Mario Draghi.
El presidente del BCE, Mario Draghi. REUTERS

Mario Draghi sigue haciendo malabares con el lenguaje y, a falta de anunciar nuevas medidas, ha puesto fecha para el próximo movimiento. Será en la próxima reunión del mes de junio, cuando el BCE ya disponga de las previsiones más actualizadas de crecimiento e inflación, que servirán de base para abordar un escenario de precios a la baja que se prevé largo y que no es el del agrado de la institución.

El presidente del Banco Central Europeo declaró ayer que la institución se siente “cómoda” con la idea de actuar “la próxima vez”. Es decir, en la reunión del 5 de junio, y después de haber visto las nuevas proyecciones económicas para la zona euro. En el consejo de gobierno del BCE “hay consenso en no estar satisfechos con el camino proyectado para la inflación en la zona euro, con no resignarse”, señaló Draghi en la rueda de prensa posterior a la reunión de la institución, que dejó sin cambios los tipos de interés en el mínimo histórico del 0,25%, nivel en el que permanecen desde el pasado noviembre.

Draghi se mostró ayer más comprometido que en ocasiones anteriores para combatir una insistente tendencia de precios a la baja que amenaza con desestabilizar una recuperación económica en la zona euro que calificó de “lenta” y modesta”, a pesar de que los precios subieran en el mes de abril el 0,7%, desde el 0,5% de marzo. Lejos en cualquier caso del objetivo del 2% de estabilidad de precios del mandato del BCE.

Draghi avanzó que los precios comenzarían a remontar “solo gradualmente” en 2015, para aproximarse a niveles cercanos al 2% ya en 2016. Pero precisó que cuanto más largo sea el período de una baja inflación en la zona euro, más riesgos para la economía, algo contra lo que el BCE está dispuesto a actuar. Y a hacerlo tan pronto como el mes que viene. “La posición es unánime para no aceptar una baja inflación por largo tiempo”, explicó el presidente del Banco Central Europeo, que también fue más prolijo que en otras ocasiones al explicar cómo había transcurrido el debate del consejo de gobierno de la institución.

“Hemos analizado el tipo de contingencias que requieren una actuación inmediata o que podrían esperar”, explicó. Y puntualizó que en esa discusión se debatió el uso de “todos los instrumentos”. En definitiva, no solo los más obvios, como una rebaja de tipos para la que no quedaría mucho más margen desde el mínimo actual del 0,25%. Sino también un recorte a tasas negativa de la facilidad de depósito, para desincentivar definitivamente que la banca aparque recursos en el BCE; nuevas inyecciones de liquidez a la banca, puesto que a principios de 2015 vencerá definitivamente la megainyección de un billón a tres años facilitada con carácter extraordinario, o la controvertida compra de activos, con la que el BCE terminaría por sumarse a la política de estímulos de la Reserva Federal, el Banco de Japón o el Banco de Inglaterra, que ayer también decidió mantener sin cambios los tipos de interés.

Aun así, la activación de un programa de compra de activos sería sin duda el último recurso y su uso sería consecuencia de un deterioro notable de las expectativas de crecimiento e inflación, según advierte el conjunto de expertos. Esta decisión, que el mercado no esperaría en el peor de los casos hasta pasado el verano, debería además superar las duras reticencias que ha mostrado siempre Alemania a un plan extraordinario de estímulos y las incertidumbres regulatorias y de mercado que plantea, cómo qué tipo de activos adquirir –si deuda soberana o corporativa– y por qué cuantía.

Draghi aludió además a la amenaza económica que supone para la zona euro la tensión entre Ucrania y Rusia. Fue más allá de la mera mención genérica de riesgo geopolítico y citó como amenazas concretas las sanciones económicas que tendría que soportar la economía rusa y las implicaciones en el suministro de gas a la zona euro. La crisis de Ucrania “puede impactar más en la zona euro que en otras regiones”, reconoció Draghi.

La tensión en la zona tiene además un efecto perverso que alimenta otro de los frentes de inquietud del BCE. Su presidente reconoció que la fuga de capitales de la economía rusa está contribuyendo a la apreciación del euro, que se ha colocado estos días en máximos de 2011 y cuyo avance retroalimenta además una baja inflación, puesto que abarata los precios de la energía. “La fortaleza del euro es un asunto serio en un entorno de baja inflación”, advirtió Draghi. El banquero italiano recordó una vez más, eso sí, que el tipo de cambio no es el objetivo de la política monetaria del BCE –sino la estabilidad de precios– y agradeció con sorna los “consejos” de instituciones como el FMI o la Comisión Europea que avisan de los riesgos de un elevado tipo de cambio.

Draghi también reconoció que el nivel de cotización del euro está influido por la constante afluencia de capital a la zona euro, que está siendo sostén para la caída de rentabilidades de la deuda soberana de la periferia europea. Y advirtió contra un riesgo de complacencia. “Hay que seguir vigilante y no relajarse con la política fiscal y las reformas estructurales”. Es más, Draghi reprochó que el incumplimiento a comienzos de siglo por parte de Alemania, Francia e Italia de los objetivos de déficit restó credibilidad al proyecto europeo. “La crisis nos ha enseñado que hay niveles de deuda y déficit insostenibles”. Y en vísperas de las elecciones al Parlamento Europeo, cerró la rueda de prensa con un mensaje de calado político. “La crisis habría sido menos severa con más integración”.