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El valor de los valores de la UE

La Unión Europea se hizo más plenamente europea hace una década. El 1 de mayo de 2004, diez países se incorporaron, ocho de ellos eran recientes fugitivos del comunismo. Desde entonces la adhesión ha demostrado la fuerza de los valores europeos.

El atractivo de la cadena de valor económico de la UE es bastante obvio. ¿Qué más se puede pedir que incorporarse al mercado unificado más grande del mundo, uno de los que ofrece una mayor competencia, experiencia tecnológica y rigurosa seguridad y estándares de calidad?

Los miembros ex comunistas han sido hábiles a la hora de deshacerse de cuatro décadas de malos hábitos económicos. Su tasa de crecimiento del 2,8% anual del PIB desde 2004 supera con creces la maltrecha tasa de recesión del 0,1% de los miembros antiguos.

La pertenencia a la Unión ha fortalecido las democracias incipientes de sus nuevos miembros

Pero todo tiene dos caras. Los nuevos miembros ofrecieron un mercado atractivo para exportaciones de alta calidad y una fuente de trabajo europeo más barata. Su competencia ha hecho daño a algunos antiguos miembros, pero también ha proporcionado un estímulo para llevar a cabo reformas útiles.

El atractivo de los valores culturales es más difícil de cuantificar, pero es importante. Las virtudes tecnocráticas de Europa no pueden ser materia de himnos o desfiles, pero el compromiso de la Unión con el consenso, la integridad, la paz y los valores liberales resuenan en todo el continente.

Sin embargo, los valores políticos y financieros de la UE parecen menos robustos. La pertenencia a la Unión ha fortalecido las democracias incipientes de los nuevos miembros, pero el malestar popular acerca de esa burocracia torpe y que con frecuencia no responde se ha extendido hacia el este. El mayor elogio posible para la regulación de la banca europea es que no ha sido peor que la variante estadounidense, y lo mejor que se puede decir sobre el euro, supuesta gloria monetaria que corona la región, es que todavía existe.

Este aniversario tiene una lección para los votantes hastiados y flos inancieros descontentos. La UE no es un éxito sin precedentes, pero pese a ello es más un éxito que un fracaso.