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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Un mercado de riesgos y oportunidades

El ascenso que vienen registrando los mercados bursátiles desde finales de 2013 se ha visto empañado por dos tormentas que han marcado el panorama político y económico de los últimos meses. La primera fue la fiebre de inestabilidad exportada por las economías emergentes a finales del año pasado; la segunda, el inicio de la escalada de tensiones entre Ucrania y Rusia, un conflicto que se mantiene abierto y del que es difícil vislumbrar un pronto final. En este escenario de inestabilidades las miradas se han vuelto a las políticas de los bancos centrales. Mientras el Banco Central Europeo (BCE) se debate entre la adopción o no de medidas no convencionales para afianzar la incipiente recuperación económica en Europa, en Estados Unidos la atención está puesta en el comportamiento de la economía tras la retirada de estímulos de la Reserva Federal (FED). Los inversores se enfrentan a distintas amenazas a ambos lados del Atlántico. En Europa, el fantasma de la deflación constituye una amenaza recurrente, reconocida y “vigilada”, en palabras de Mario Draghi. En Estados Unidos, los parámetros que mantienen alerta a los inversores pasan por la reducción del volumen de compra de deuda y la subida de tipos a partir de 2015. A estos elementos hay que añadir variables como los resultados trimestrales de las empresas y la evolución de los distintos indicadores macroeconómicos, que permitirán confirmar si las previsiones de gobiernos e instuciones se trasladan finalmente al papel. Mientras los focos de inestabilidad de las economías emergentes y la crisis de Kiev siguen estando en el punto de mira del inversor, la celebración de elecciones europeas el próximo 25 de mayo y los progresos en el proyecto de Unión Bancaria completan una hoja de riesgos y oportunidades que hay que tener en cuenta a la hora de invertir.

No todos esos factores influyen del mismo modo en los mercados, como tampoco tienen todos las mismas posibilidades de resolución. Del discurso de Mario Draghi, presidente del BCE, se deduce que el Banco Central Europeo no parece dispuesto a adoptar medidas extraordinarias de forma inmediata a menos que las circunstancias obliguen claramente a ello. Los analistas coinciden en que probablemente el IPC en abril aleje el riesgo de deflación a corto plazo y mantenga como principal herramienta la política monetaria verbal del organismo, que hasta ahora ha ejercido de muro de contención para neutralizar a los especuladores y proporcionar tranquilidad a los inversores. También habrá que estar muy atento a la evolución de los macroindicadores. Una vez superadas las fuertes inestabilidades ligadas a la evolución de las deudas soberanas, las miradas de los inversores están puestas sobre las posibilidades de crecimiento de cada región y cada economía. El FMI vaticina que la economía de la zona euro repuntará un 1,2% en 2014, unas previsiones que pasan por el deshielo –incluyo a un ritmo mayor de lo anunciado– de unas economías periféricas que han dejado de ser un punto de salida de capital para volver a convertirse en un foco de atracción. Es el caso de España, que no sólo ha avanzado en la recomposición de su equilibrio fiscal, sino que ha culminado una bateria de reformas normativas necesarias para colocar nuestra economí s en condiciones de mejorar la competitividad.

Pese a ello, persisten importantes factores desestabilizadores cuya evolución es difícil de adivinar. Por una parte, la profunda transformación económica que está viviendo China y que puede convertirse en una amenaza contra su fortaleza. El país asiático está liderando el tránsito entre una economía basada en la dependencia exterior a otra apoyada en el consumo privado. También persisten los interrogantes sobre la evolución del conflicto entre Ucrania y Rusia y sus efectos en el mercado de la energía, dado que el suministro ruso de gas a Europa atraviesa el territorio del Kiev. Pese a todas esas incógnitas y su reflejo en forma de caídas en las últimas sesiones bursátiles, la renta variable se mantiene como la opción más atractiva en los próximos meses. Los expertos apuestan por valores como los de la banca doméstica, las compañías energéticas y las empresas ligadas al ciclo económico para poner un pie en el mercado en tiempos de mudanza.

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