EE UU, México, Guatemala, Honduras, Perú o Chile conservan yacimientos

Tras los pasos de los pueblos precolombinos

Tras los pasos de los pueblos precolombinos

En el lugar en donde viven los espíritus, hubo una vez…”, mucho antes de que Colón llegara a América, pueblos, culturas y civilizaciones que salpicaban de Norte a Sur el llamado Nuevo Continente. Algunos eran pequeñas tribus, pero otros llegaron a ser grandes imperios como los incas, con una de cuyas leyendas, La mujer hambrienta, se inicia este reportaje.

De su legado aún se conservan magníficos restos arqueológicos, ocultos durante siglos por la fiereza de la selva y algunos descubiertos al azar. La herencia de mayas, aztecas e incas es más popular entre los viajeros ya que muchas agencias ofrecen en sus paquetes La ruta maya o El camino del inca. Menos conocidos, pero con gran peso histórico, los anasazi, olmecas, toltecas, maois y otros dejaron sus huellas, algunas llenas de misterio, a lo largo y ancho del Continente.

El misterio de los anasazi

Ni los historiadores se ponen de acuerdo sobre la desaparición anasazi, pero podrá familiarizarse con esta cultura si viaja a las Cuatro Esquinas, en la confluencia de los estados de Utah, Colorado, Arizona y Nuevo México en EE UU. Allí vívían y desde allí huyeron sin saber por qué, replegándose desde mesetas y valles hacia acantilados y cañones para construir asentamientos inexpugnables.
Cañón Chaco, Mesa Verde, Pueblo Bonito, Pueblo Rinconada o el Cañón de Chelly son los vestigios que se conservan de ellos. Las teorías sobre su desaparición apuntan a un cambio climático, luchas internas que desembocaron en canibalismo o una violenta incursión enemiga. Todo lo dejaron como si fueran a volver, pero nunca regresaron. Se pueden hacer incluso visitas nocturnas para recorrer el Parque Nacional del Chaco. Los aeropuertos más cercanos son los de Nuevo México y Colorado.

La ruta maya

Muchas de las civilizaciones antiguas formaron grandes imperios

Más de tres mil años de historia les preceden hasta la conquista española. Fueron un gran imperio que se extendió por el suroeste de México, Guatemala, Honduras, El Salvador y Bélice.
A diferencia de otros pueblos, los mayas, aunque sometidos, nunca desaparecieron y hoy quedan algunos reductos de ellos en Chiapas y en ciudades como Chichicastenango, en Guatemala, famosa por su colorido mercado, que mantienen sus lenguas y costumbres ancestrales.
Matemáticos y con conocimientos de astronomía y ciencia, eran un pueblo guerrero. Un viaje por la historia nos llevaría a visitar, entre otros:

- Chichén Itzá, en el centro del Yucatán. La pirámide de Kukulcán es su monumento más emblemático y aunque no se permite subir a ella le dejará sin aliento. Enseguida le atrapará la magia del lugar, solo interrumpida por los clic fotográficos y el griterío de los artesanos locales que fuera ofrecen sus mercancías. No se irá sin una típica calavera.

- Uxmal, también en Yucatán y a 65 km de Mérida. Capital del Estado es una típica y bonita ciudad colonial con sus calles estrechas y ambientadas plazas. Junto con Chichén Itzá y Tikal, Uxmal es uno de los más importantes yacimientos mayas y representa su esplendor. Destaca por sus ornamentos y las esquinas redondeadas de sus edificios. Si se atreve y no tiene vértigo puede subir los 35 metros de la Pirámide del Adivino–la única de planta ovalada–, aunque no llegara hasta la cima, está prohibido.

La bajada ya es otro cantar y deberá hacerlo lenta y cuidadosamente, un resbalón o un mal paso puede ser fatal. La anchura de los escalones ni siquiera admite el pie de un niño. Haga caso a los guías y suba de lado, en zigzag y ligeramente agachado, como lo hacían los mayas.
Palenque impresiona por muchas cosas; por su arquitectura y por sus esculturas, pero quizás lo que más sobrecoge es su emplazamiento en plena selva de Chiapas y lo que se adivina escondido: solo se ha descubierto el 10% del complejo. Destaca su Palacio, el Templo de las Inscripciones y la explanada del Juego de la Pelota, de connotaciones rituales aunque no está claro que incluyeran sacrificios humanos como el cine ha escenificado.

- Tikal, norte de Guatemala. Recorra el recinto arqueológico sin prisa, pero sin pausa. Tampoco está permitido subir a todas las pirámides, pero hágalo en las que tenga acceso, las vistas y el entorno, en plena selva del Petén, donde puede pasar una noche de aventura, le harán contener la respiración. Volar desde Ciudad de Guatemala o Flores son la mejor opción para una visita rápida.

- Copán, al oeste de Honduras. Antigua ciudad-Estado es el yacimiento donde se han hallado más esculturas que en cualquier otra ciudad precolombina. Destacan sus estelas talladas y las escrituras jeroglíficas. A 20 minutos está la aldea Agua Caliente, famosa por sus aguas termales que le relajarán de tanta caminata. 

Ciudad de los hombres dioses

A 48 km al noreste del Distrito Federal de México, se alza Teotihuacan. Es una de las zonas arqueológicas más grandes y mejor conservadas y la ciudad azteca por antonomasia, aunque en realidad es fruto de la cultura Tolteca, sus antecesores y los que más les influyeron. En Teotihuacan “la ciudad donde los hombres se transforman en dioses”, llama la atención sus dos impresionantes pirámides: la Pirámide de la Luna, 42 metros de altura, y la Pirámide del Sol (64 m y 260 escalones), la tercera más grande del mundo. Si cree en los espíritus y las tradiciones prehispánicas intenten estar allí un 21 de marzo. En ese día, se reúnen poderosas fuerzas cósmicas, a cuya llamada acuden miles de visitantes vestidos de blanco para recibir esta energía en lo alto de las pirámides.

- El Templo Mayor, en pleno centro del DF, y su recinto fueron el núcleo de la vida religiosa azteca, y fue descubierto al azar en 1978 cuando se realizaban obras para una red de cableado subterráneo. No se pierda la visita al museo.

- Tula. La zona arqueológica de Tula, se ubica cerca de Pachuca (Hidalgo). Capital del estado tolteca destaca por sus Atlantes, las gigantes esculturas de 4,60 metros de altura que representan a cuatro guerreros míticos. Las pirámides de Tula están muy ornamentadas e incluyen imágenes humanas y de animales.

- Xochicalco. Ubicado en el Morelos, este sitio arqueológico se emplaza sobre una colina nivelada y posee los restos de estructuras residenciales que ocupan terrazas. Se calcula que en su época de apogeo esta ciudad albergó a unas 20.000 personas. Entre sus monumentos destacan el Templo de la Serpiente Emplumada y los bajorrelieves que decoran las estructuras.

El Camino del Inca

- Machu Picchu. Oculto por la caprichosa unión natural de las montañas, homónima y de Huayna Picchu y a casi 2.500 metros de altitud se alza majestuoso el Santuario Histórico de Machu Picchu, conocido también como la Ciudadela Inca, y considerada una obra maestra, sobre la que se extiende un halo de misterio. Cuzco, a 130 km, una bellísima ciudad colonial, resulta una formidable parada antes de ascender a la montaña para aclimatarse a la altura y tomar mates de hoja de coca, como hacen los lugareños. El mal de altura acecha. Un día es muy poco para hacerse una idea de los 326 km del recinto y por más prisa que se quiera dar, la altura será un enemigo imbatible. Desde Cuzco puede tomar un tren hasta la localidad de Aguas Calientes y disfrutar de un paisaje increíble, luego un autobús al santuario. Si dispone de tiempo, invierta entre dos y cuatro días en hacer el Camino del Inca, acompañado por un guía local. Le encantará.

Perdidos en la isla moai

La Isla de Pascua (Chile) en medio del Pacífico, es uno de los principales destinos del país, tanto por su belleza natural como por la cultura ancestral de los rapa nui, de origen polinesio. De su paso por la isla dan fe las enormes estatuas, conocidas como moai. Las altura se proyecta hacia el exterior, entre 2 y 20 metros y hacia el interior de la tierra, 8 metros de profundidad. Poco se sabe de esta civilización, sobre la que planea el mito de la Atlántida, y la ciudad perdida, y todo tipo de leyendas sobre su origen.