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Amortiguadores para una crisis 2.0

Las futuras crisis de la zona euro necesitarán otro amortiguador. Los bancos europeos mantuvieron los intereses bajos durante el periodo 2010-13 mediante la compra de deuda soberana. Las nuevas reglas de capital hacen de este un asunto arriesgado.

En los años siguientes a los problemas de Grecia en 2010, los bancos dejaron de ser intermediarios y se convirtieron en compradores de último recurso de los gobiernos en crisis de la zona euro. La barata liquidez que les brindó el Banco Central Europeo permitió que las tenencias de deuda de los bancos de la zona euro crecieran en 430 millones de euros en los cinco años anteriores a enero de 2013.

Lo mejor es que, aparte de ayudar a los bancos a conseguir buenos diferenciales y a controlar los crecientes costes de endeudamiento, estos podían hacerlo sin perjudicar sus posiciones de capital.

El fin del círculo vicioso de la deuda soberana entre bancos y gobiernos es algo bueno

Esto está cambiando, como demostró BPI el 2 de abril. La entidad portuguesa ha vendido 1.300 millones de euros en deuda de su propio gobierno e italiana, citando las reformas de Basilea III, que eliminan la protección que ha tenido hasta ahora la deuda soberana. Aunque persista la ponderación de riesgo cero de la deuda soberana, el capital se verá menoscabado si los precios de los bonos comienzan a caer de nuevo.

El fin de este círculo vicioso soberano entre bancos y gobiernos es algo bueno. Pero si se abre de nuevo una brecha en la rentabilidad de los bonos de la zona euro, los bancos estarán menos dispuestos a apoyar a su estado. Puede que los gobiernos tengan que recurrir al BCE con más rapidez.

El problema es que el programa de compra de bonos del banco central está paralizado por el Tribunal Constitucional de Alemania, que lo considera ilegal. Puede que eso no importe si el BCE adopta la compra de bonos a través de la llamada flexibilización cuantitativa para combatir la deflación. De lo contrario, una nueva crisis pondría a prueba su determinación.