Editorial

Un BCE abierto a todas las opciones

Desde la última reducción de los tipos de interés en Europa se ha oído de forma reiterada a su presidente, Mario Draghi, que la institución está preparada para tomar iniciativas adicionales si fueran necesarias para erradicar la fragmentación de los efectos de la política monetaria sobre el crédito y estimular el crecimiento. Compra de activos, cobrar por los depósitos a la banca, programas específicos de financiación a pymes, etc. Pero siempre daba la impresión de que se trataba de la tradicional política de anunciar todo cuanto se puede hacer para que sea el mercado financiero el que, en su tradicional anticipo a las medidas reales, ponga la maquinaria en marcha y haga un trabajo que parece que a las autoridades monetarias le cuesta realmente hacer. Sin embargo, ahora parece que la preocupación por la deflación subyacente y la apreciación persistente del euro movilizan en serio el debate interno en Fráncfort. Sería esperar demasiado pensar que en la reunión de la próxima semana vayan a producirse decisiones en ese sentido. Pero las revelaciones de Jens Weidmann, presidente del Bundesbank y férreo defensor de las esencias germánicas del BCE y de la ortodoxia más severa, en el sentido de que no hay que descartar instrumentos adicionales, cambia las expectativas. Admite que en el seno de la institución existe un debate abierto muy intenso sobre los efectos primarios y secundarios de cada una de las medidas, aunque recuerda que puede ser pronto para las decisiones.

El BCE nunca ha creído en la efectividad de la compra de activos, practicada con profusión por la Reserva Federal estadounidense, por considerar que es una medida que sobrepasa el instrumental monetario del banco para cumplir con su mandato de controlar la inflación. Pero comienza a considerarlo con cierta seriedad cuando la Reserva Federal retira los estímulos que durante unos cuantos años ha aplicado, además de mantener los tipos en el 0%.

Que sea el presidente del Bundesbank quien ponga sobre la mesa decisiones de expansión cuantitativa hace pensar que ha entrado la preocupación real en Europa, no tanto por la fragmentación del crédito o la modestia del crecimiento, como por la sobreapreciación del euro, que coarta las posibilidades de exportación de Europa y sobre todo de Alemania, en especial tras enfriarse las expectativas de los negocios por la crisis de Crimea. Tómese la decisión que se tome, sea poner en negativo la remuneración del dinero bancario en el BCE, sea comenzar a comprar activos de calidad de empresas o bancos, se relajará el precio del euro como hasta ahora lo ha hecho el dólar. Otra cuestión es que genere mayor demanda de crédito en toda la eurozona por igual y que consolide el crecimiento de largo plazo.