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La respuesta AIG de los bancos

La Reserva Federal finalmente se ha preguntado por lo que podría llamarse la cuestión AIG. En las pruebas de estrés de este año a los grandes bancos de Estados Unidos, el organismo insistió en que ocho empresas revelasen lo mucho que perderían si su principal contraparte fallara. Conocer tales exposiciones es crucial para los reguladores –el colapso de Bear Stearns, Lehman Brothers y AIG en 2008 lo demostró–. Pero la Fed podría ir más allá.

El cálculo de las pérdidas por las contrapartes se agrupa con las pérdidas comerciales, por lo que no se puede cuantificar por separado. Pero la cifra global en el peor escenario económico previsto por la Fed ha reflejado que JPMorgan sería el que más perdería, con 24.000 millones dólares, Goldman Sachs registraría unas pérdidas de casi 20.000 millones de dólares y las de Morgan Stanley serían de poco más de 13.000 millones.

Las pérdidas potenciales si sus mayores contrapartes se colapsaran agregarían muy poco al dolor de los bancos en comparación con el año pasado. El mayor aumento fue el de Morgan Stanley, que asciende al 14%, seguido de cerca por el 12% de Bank of America. Las pérdidas de explotación previstas para Goldman, por su parte, se redujeron en una quinta parte, incluso con el componente extra de la contraparte.

En la vida real, el fracaso de un gran socio comercial tendría efectos colaterales

En la vida real, el fracaso de un gran socio comercial tendría efectos colaterales. Una cascada inesperada de miedo y el retroceso de la contraparte después de que Lehman quebrara ayudó a que el gobierno estadounidense rescatara a AIG. Desenmarañar la unidad de productos financieros de la aseguradora subrayó además la interconexión global de los mercados financieros.

Eso sugiere que la próxima vez que la Fed realice las pruebas podría ir más allá. Un menor apalancamiento de los bancos, una compensación centralizada de los derivados y el esfuerzo anual de las pruebas de estrés ofrecen más seguridad de la que existía antes de la crisis sobre la salud del sistema financiero.

Evaluar el impacto del colapso de una gran entidad es algo limitado, a menos que ayude a construir un panorama más amplio sobre las potenciales fragilidades sistémicas.