Prueba de la semana Cinco Días-Car

Range Rover Sport: Estilo inglés con la máxima polivalencia

La pujanza actual de Land Rover es una muestra más de que, cuando el producto es bueno, el mercado responde. Sus últimos lanzamientos se cuentan por éxitos, desde el Evoque (2011) al Range Rover grande (2013), hasta llevar al reciente Range Rover Sport que nos ocupa. La primera generación se lanzó en 2005 y su objetivo era el mismo que el actual: competir con coches como el Audi Q7, el BMW X5, el Mercedes ML o el Porsche Cayenne.
El diseño recuerda mucho al del Evoque y su estructura es totalmente nueva. Como el Range grande, su carrocería ha dejado de ser de acero para estar fabricada en aluminio. Un Range Sport V6 diésel pesa 2.115 kg, 420 kilos menos que el anterior con la misma motorización. A la hora de elegir la mecánica, la versión 5.0 V8 de 510 CV es una maravilla por sus prestaciones de deportivo y hasta por sonido, pero el sentido común (tanto por consumo como por uso familiar) nos sugiere que lo normal es centrarse en las versiones diésel.
Hemos conducido un 3.0 SDV6 de 292 CV, un vehículo con mucho empaque que llama la atención allá por donde pasa. La caja de cambios es magnífica, la ZF de ocho velocidades. Es suave, rápida e intuitiva y se puede usar manualmente con las levas que hay en el volante. El rendimiento de la mecánica es brillante, muy lineal y con mucho empuje (600 Nm de par máximo) y capacidad para acelerar de 0 a 100 km/h en solo 7,2 segundos. Recupera con decisión y es más que suficiente para viajar en primera a un ritmo muy alto. Frena muy bien y es noble y estable. Aun así, los aficionados a la conducción que quieran llevarlo como un deportivo deberían pedirlo con el Dynamic Mode, una posición equivalente a la tecla Sport de otros rivales. Basta con seleccionar en el mando giratorio Terrain Response, la posición en la que aparece el dibujo de una carretera con curvas.
El Dynamic Mode actúa sobre los amortiguadores, las estabilizadoras, la dirección, el motor o el cambio. Hablando del Terrain Response, hay que destacar que donde el Range Sport es claramente superior a sus rivales es en conducción por el campo. Basta con pulsar el botón de reductora y seleccionar en el Terrain Response la posición adecuada (barro, arena y rocas, hierba, gravilla y nieve, etc.) para subir por pendientes llenas de barro y vadear ríos, y eso con los neumáticos de serie. El Range Sport más asequible es el 3.0 TDV6 de 258 CV y acabado S, que cuesta 66.000 euros. Su consumo medio homologado es de 7,3 litros a los 100 km. El SDV6 de 292 CV SE sale por 76.900 euros y el 292 CV Autography, el más equipado, alcanza 95.800 euros.

Posición de conducción y calidad interior

La postura al volante nos gusta porque, siendo algo elevada, es menos alta y erguida que en el Range grande, y los asientos sujetan muy bien y se pueden pedir incluso con ventilación y masaje. Por primera vez se ofrece con la opción de siete asientos, con la tercera fila de accionamiento eléctrico que se ocultan bajo el piso. Al comenzar la marcha todo es suavidad, ni un ruido ni una vibración. La única forma de saber que es diésel es mirar que la zona roja del cuentarrevoluciones empieza en las 4.500 vueltas.
El interior es sólido, elegante y luminoso, casi exuberante (con el enorme techo solar), lejos de la sobriedad de algunos rivales germanos. A diferencia del Evoque y Range grande, no lleva un mando giratorio para el cambio automático, sino una palanca.