Secretos de despacho

Norema Salinas despacha en la cocina de su casa

La idea de negocio surgió de una cena de estilo Thai en su domicilio

La clave de su éxito reside en la fusión de cocinas, conservando sabores conocidos

Norema Salinas despacha en la cocina de su casa

Comenzó por casualidad en el mundo del catering. Fue en 1996 cuando Norema Salinas (San Francisco, 52 años) montó la empresa que lleva su nombre y desde entonces no ha parado de alimentar eventos y de dar de comer a la clase empresarial de este país. Su historia es sencilla pero salpicada de multiculturalidad. De ascendencia brasileña y libanesa, licenciada en Empresariales, especializada en marketing de moda, llegó a España hace 24 años (su padre trabajaba en la central nuclear de Ascó, en Tarragona) y se enamoró del país. Trabajó dos años en el sector de la moda y de bisutería de diseño, aunque durante el tiempo que estudió la carrera en Estados Unidos estuvo empleada en restaurantes. “Allí es muy habitual compaginar los estudios universitarios con el trabajo; además, siempre me gustó la gastronomía”, afirma esta empresaria en la cocina de su vistosa casa en La Moraleja (Madrid), donde trabaja rodeada de libros de cocina. Utiliza la encimera como mesa y desde allí, con la ayuda de su inseparable ordenador, gestiona el negocio, que montó un buen día por casualidad.

Norema Salinas despacha en la cocina de su casa

“Tenía una amiga estilista de moda y organicé una cena de estilo thai en casa a la que asistió el diseñador Modesto Lomba, que fue quien me animó a montar una empresa de catering”, recuerda. El primer encargo lo recibió de la firma de diamantes De Beers. Se fue corriendo la voz y le llegaron más contratos dentro de la industria de la moda, aunque poco a poco fue adentrándose en otros sectores, como la banca o el automóvil.

“Al principio siempre estaba en la cocina, pero a medida que la empresa cogía forma me tuve que centrar en la gestión de los clientes. Tengo un jefe de cocina que trabajó en Casablanca y se ocupa de todo ello, aunque yo siempre superviso todos los platos y presentaciones”. El secreto, asegura, de su éxito no es otro que la fusión de cocinas. Eso sí, usando siempre productos y sabores que la gente conoce. Por ejemplo, cuenta que, si sirve niguiris, los cubre con huevo de codorniz y una pizca de chorizo picante. Otro plato demandado es el rabo de toro, una opción para aquellos que huyen del típico solomillo. Como tendencia en auge, la cocina mexicana. Y asegura que está ya un poco demodé, en un catering, el sushi.

La crisis ha azotado bien a las empresas de este sector, la mayoría especializadas en organizar eventos para empresas. Norema Salinas ha tenido, como otros, que ampliar el negocio al mundo de las bodas, algo a lo que siempre se había resistido.

Mantenerla calidad, cuidar el detalle y la puesta en escena son sus recetas para el éxito

Asegura que los presupuestos cada vez son más ajustados, pero ello no debe ser excusa para bajar la calidad. “Ahora hay que dar valor añadido al cliente y hay que ofrecer todo tipo de facilidades, sobre todo en cuanto a los espacios”. Ha comenzado a trabajar con el Museo Thyssen Bornemisza y en breve lo hará con el Palacio de Neptuno. “Si tienes espacios interesantes que ofrecer a los clientes, ya les estás dando un plus”. Fruto de todo ello, afirma, es el crecimiento del 30% que tuvo, por ejemplo, en 2012. El año pasado se defendió bien y prefiere ser prudente sobre las previsiones para 2014. “Ahora es todo muy irregular, cuando esperas un buen trimestre no sucede, y cuando menos lo esperas vuelves a recuperarte”.

Confiesa ser inquieta y tener capacidad para atender “mil cosas a la vez, en eso soy muy buena”. También asegura ser perfeccionista y detallista. “Es lo que marca la diferencia, sobre todo ahora que hay mucha competencia porque cada vez más restaurantes ofrecen servicio de catering y es difícil competir con ellos. Además, “estas empresas tienen preparada la infraestructura y disponen de personal fijo, que las empresas de catering contratamos solo de forma eventual”. En este sentido, apunta que muchas empresas se han quedado en el camino. Y el secreto para mantenerse, a pesar de las circunstancias económicas, es mantener la calidad –“se pueden hacer otros platos menos costosos pero nunca de quinta gama”–, cuidar el detalle, la puesta en escena, “que se perciba la esencia de la empresa, los colores corporativos y, sobre todo, que los camareros sean guapos”.

Rodeada de libros y con el ordenador a cuestas

Norema Salinas reparte su jornada laboral entre un local en San Sebastián de los Reyes, desde donde gestiona la empresa y trabajan 12 personas fijas, y el despacho que tiene montado en la cocina de su casa en La Moraleja. El espacio es amplio, con ventanales que dan a un coqueto jardín y a una piscina. Cuenta que ha concebido su hogar como un espacio para recibir. De hecho, le encanta organizar eventos en el salón. El miércoles pasado, cuando se realizó esta entrevista, la mesa estaba preparada desde primera hora de la mañana para servir una cena peruana a unas 12 personas. “Me gusta que todo lo que hago resulte elegante, diferente y sobre todo personalizado, en eso fui pionera”.

Señala que es ordenada a su manera, eso quiere decir que tiene facilidad para saltar de una tarea a otra. Y avisa de que siempre sabe dónde tiene todo. “En la empresa todas las peticiones pasan por mí”. Asegura que siempre debe tener cerca sus ingredientes fetiche, una buena sal y un buen aceite, además de decenas de libros de cocina. “Cuando viajo me traigo libros de todas las culturas, es algo que siempre ha marcado mi forma de trabajar”. Muy cerca están las fotografías de sus tres hijos, de 17, 15 y 12 años, de los que dice que han aprendido de ella a ser buenos anfitriones. “Me gusta incluir a los niños en todo lo que hago en casa porque cuando te dedicas a este negocio es muy difícil desconectar y separar la faceta personal de la profesional”, confiesa Salinas. En su agenda guarda el boceto de varias ideas, como la de montar un restaurante pop-up, “que sea efímero”. El lugar: San Francisco. “Soy inquieta por naturaleza”.