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China también cuenta

La oferta de 5.400 millones de euros realizada por Microsoft para hacerse con la división de dispositivos de Nokia se ha encontrado con la inesperada oposición de las plantas de Cantón. Sus trabajadores fueron a la huelga el 20 de noviembre para quejarse por un injusto trato como resultado de la operación. Con una protección legal desigual, lo más fácil para los compradores es pagar. Eso amenaza con hacer subir el coste de las transacciones, aun sin un comprador ni un vendedor chinos.

Las huelgas contra las empresas extranjeras y las empresas conjuntas registradas por la organización China Labour Bulletin están aumentando, se han multiplicado por más del doble entre 2011 y 2013. Uno de los temores es que las fusiones busquen reducir costes, lo que podría dar lugar a cierres de plantas. También puede haber un elemento de oportunismo: un nuevo propietario significa una oportunidad para renegociar los contratos en un entorno de subida de salarios.

Aunque la ley está de parte de la nueva empresa, el opaco sistema judicial chino implica que sería mejor para las compañías pagar en lugar de exponerse a largas demoras legales.

El aumento de las protestas se basa en una mayor conciencia. Además, la demanda de trabajo en las ciudades desarrolladas como Shenzhen significa que los trabajadores pueden ser más selectivos. Las ofertas de empleo superaron al número de demandantes en el primer trimestre de 2013 según los datos medios de 101 ciudades, incluyendo Shenzhen, del Ministerio de Recursos Humanos de China.

Sin sindicatos adecuados para airear sus quejas, las fusiones ofrecen a los trabajadores una oportunidad para llamar la atención y afectar las decisiones globales. Cuando dos empresas occidentales firman un acuerdo de fusión o adquisición, es posible que China no siempre sea un factor en las estrategias originales negociadores, pero afecta cada vez más a su capacidad para cerrar transacciones.

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