A fondo
La imposible tarea de cuadrar un Donuts

La imposible tarea de cuadrar un Donuts

Somos la llave”. Fue la declaración de un representante sindical de los trabajadores de la fábrica de Panrico en Santa Perpètua de Mogoda (Barcelona) al descubrir que la votación en la planta iba a ser determinante para definir el futuro a corto y medio plazo de Panrico. La lucha por diseñar y desbloquear un acuerdo que desde ambos lados de la mesa de negociación se ha mantenido durante el último mes en Madrid no contaba con que ni Oaktree ni Carlos Gila ni los representantes sindicales tenían esa llave. Las radicalizadas posiciones de los trabajadores de la fábrica de Barcelona han ocasionado el mismo efecto en la mesa de negociación que el que ocasiona un tsunami en un castillo de arena.

Aparentemente todo se ha ido al traste, todo ha quedado arrasado. El tiempo de la negociación ha dado paso a las conspiraciones y a la búsqueda de intenciones oscuras y perversas en ambos lados de la mesa.Y todo sirve ahora para descubrir que no había un plan B diseñado para el futuro de 4.000 familias que viven en España de la venta de Donuts y Bollycao.

El único plan B era seguir el plan A. Es decir, 750 despidos en tres años y afrontar para el resto de la plantilla de Panrico un recorte salarial medio del 18%, que se iría mitigando en virtud de los resultados de la empresa. Un plan A puesto encima de la mesa merced a la mediación de los inspectores de trabajo. Una cuadratura del Donuts que ha demostrado ser de vida muy frágil y muerte rápida.

El lunes por la tarde, momento en el que todos los intervinientes en la búsqueda de un preacuerdo se dieron de bruces con la dura realidad, ninguno de los negociadores osó volver a mantener posiciones extremas en la mesa de negociación. Nadie acepta que el balón esté en su tejado.

Pero ya no queda tiempo o al menos ese es el mensaje que Carlos Gila repite al que le pregunta. “Tengo que explicarle a los ingleses [el fondo de capital riesgo británico Oaktree, propietario de Panrico] lo que ha pasado aquí en las últimas semanas y lo que ha ocurrido en el último fin de semana de votaciones, y no se me ocurre cómo hacerlo para que se entienda el concepto de democracia que se ha utilizado para votar”, aseguran sus cercanos que ha dicho cuando se le ha hecho la pregunta obvia: bueno, ¿y ahora que?

La tentación de declararse en concurso para intentar salvar lo que se pueda salvar o el riesgo de que la paciencia de las entidades financieras se haya agotado y sean estas las que, cerrando definitivamente el grifo del crédito, conduzcan a Panrico a un destino inevitable, es demasiado evidente. Aun así, no todo el mundo lo da todo por perdido, ayer los representantes sindicales de la empresa continuaban sentados intentando buscar una salida con la mediación de la Inspección de Trabajo. En esas reuniones ya no está presente Gila, que el mismo lunes escenificó lo que podría interpretarse como una ruptura, levantándose de la mesa de negociación y dejando en ella solo a sus asesores.

Y Gila mantiene en su avatar del sistema de mensajería instantánea WhastApp, ligado a su número de teléfono móvil, la imagen de un círculo azul, en el que se puede leer Life is Good. Sin duda un mensaje optimista, que ha mantenido durante todo el proceso de negociación, que permite pensar que es posible encontrar una salida a semejante embrollo. Si es cierto que esa luz se enciende, aunque sea de forma tímida, se evita mandar a la calle a 4.000 personas y se elude el riego de una liquidación de activos, tendrá que ser sobre otros supuestos.

El preacuerdo está vapuleado, desautorizado y el enfrentamiento sindical ha sido tan grande que no es posible reformular un acuerdo nuevo, utilizando piezas del viejo, envolverlo en papel celofán y cerrarlo con un lazo.

Harán sin duda falta mayores concesiones por uno y otro lado, acortar plazos de pago de indemnizaciones, reducir despidos, asumir mayores compromisos de recorte salarial compensados con fórmulas de recuperación salarial ligados a la evolución del negocio en los próximos años, para, tal y como se ha oído decir a unos y otros durante la negociación, asumir que en Panrico hay causa. Que los costes de la empresa, por las razones que fueren, no están ajustados al mercado, que la compañía no puede funcionar en sus actuales parámetros.

“Es imposible freír rosquillas de forma tan cara como lo hacemos y poder seguir siendo viables”, explican los próximos a Carlos Gila que ha dicho en la mesa de negociación. “Hay que freírlas al menos tan baratas como lo hace la competencia”. El problema ahora es que Panrico tiene que encontrar la fórmula para empezar a freír Donuts cuadrados.

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