Editorial

La ambiciosa apuesta de Grifols

La compra por parte de Grifols de la unidad de diagnóstico transfusional de Novartis –una operación por la que la española desembolsará 1.224 millones de euros– constituye una apuesta estratégica de primer orden en un momento en que este tipo de operaciones son una rara avis en el conjunto del tejido industrial español. La adquisición anunciada por Grifols no solo reforzará la posición de la farmacéutica catalana en un mercado tan difícil como Estados Unidos –con una nueva planta y una mayor red comercial–, sino que le permitirá diversificar el negocio de forma sustancial. La operación multiplicará el peso de la unidad de diagnóstico de la empresa –que pasará del 4% al 20%– y se traducirá, previsiblemente, en un 20% más en ventas y resultado operativo. La facturación de la nueva filial podría suponer en torno a unos 746 millones de euros.
La compañía adquiere una planta de producción en EEUU, oficinas comerciales en ese país, en Suiza y en Hong Kong, y en torno a 550 nuevos empleados, que se integrarán en su plantilla mundial. Financiada a través de un crédito puente de unos 1.100 millones de euros, Grifols afirma que la operación no afectará a su política de dividendos e inversiones, pese a reconocer que incrementará “moderadamente” su nivel de endeudamiento. Un incremento que confía en neutralizar con la mayor capacidad de generación de flujos de caja que espera.

Más allá de los detalles de la adquisición, la transacción anunciada entre Grifols y Novartis constituye una muestra de la vitalidad corporativa de las grandes empresas españolas, especialmente relevante por producirse en medio de un crudo invierno económico. No ha sido solo el tamaño, sino la apuesta por la diversificación territorial que compañías como Grifols realizaron en los años anteriores a la crisis, lo que explica la resistencia de esas empresas a los peores embates de la recesión.

En una coyuntura en la que comienzan a llegar signos de renovado interés por invertir en nuestro país, el paso adelante de Grifols demuestra que las grandes empresas españolas no renuncian a la apuesta por la internacionalización y a aprovechar oportunidades estratégicas que les permitan crecer más y mejor. Dado el ambiente económico que nos rodea, la operación tiene una carga simbólica nada desdeñable y constituye un ejemplo del camino a seguir por aquellas compañías que estén en disposición de apostar por el crecimiento. Si hay algo que ha demostrado esta crisis, es que el tamaño y la diversificación en los mercados internacionales son dos escudos sustanciales y decisivos para afrontar en mejores condiciones las épocas de adversidad.

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