A fondo
Varias personas salen de una oficina de empleo en Madrid.
Varias personas salen de una oficina de empleo en Madrid.

Lo que nos espera en el mercado de trabajo

Los paradigmas del mercado de trabajo han cambiado notablemente con la interminable crisis económica que arrancó en la primavera de 2007 en EE UU, en verano de 2007 en Europa y en la primavera de 2008 en España. Los excesos cometidos aquí con una concentración desmesurada de la actividad en la construcción residencial y alrededores, y con el consiguiente sobreendeudamiento de hogares y empresas, ha devenido en un ajuste descomunal en el empleo que podría estar tocando a su fin. Pero es de tales proporciones, con caída del empleo privado de un 21% y del público del 12%, que solo podrá recomponerse, cuando vayan pasando los años, con una transformación en los precios del trabajo.

La pérdida de competitividad de la producción de bienes y de servicios había llegado a tales niveles, que, en ausencia de la palanca cambiaria, solo una devaluación interna de costes y precios puede devolver al país el vigor para recuperarse. Aunque las autoridades han pasado años esperando que escampase y que ya se arreglarían las cosas solas, han terminado convencidas de que nadie pondría arreglo si no se hace desde dentro. La reforma que en el mercado de trabajo reclamaban los expertos para flexibilizar la protección normativa, se ha hecho. Se ha abaratado el coste del despido, como se han abaratado los salarios con una determinación de tablas salariales en los convenios más acordes con la situación de cada empresa, y todo ello ha vuelto a colocar los costes laborales unitarios en posición competitiva con las primeras economías de la zona euro, aunque bien estaría evitar los triunfalismos que comparan la economía española con la alemana. ¡Ya quisiéramos!.

Con la citada reforma y la fuerte presión de un sistema de protección por desempleo corregido, aunque solo un poquito, hacia una generosidad decreciente, los costes salariales tienden hacia abajo, pese a la existencia de un salario mínimo que marca remuneraciones de entrada en el mercado y en las empresas. La doble escala salarial, que abrió brecha en el sector del automóvil hace unos cuantos años para salvar los miles de empleos en uno de los sectores industriales más dinámicos del país, se ha generalizado, y es el activo más dinámico para crear empleo.

Por ello, a partir de ahora, y dado que las empresas tienen sus plantillas muy estresadas por el ajuste brutal de la crisis, en cuando la demanda se mueva un poco, y ya parece que lo está haciendo a juzgar por el diagnóstico del Banco de España, comenzará a crearse empleo. Será más fácil porque es más barato, y bien podría producirse una pequeña explosión de la contratación en los primeros trimestres de la recuperación para corregir los excesos en el ajuste de plantillas.

Además, la elasticidad del empleo con relación al crecimiento del PIB ha cambiado de forma muy apreciable, como iremos viendo. El coste del factor trabajo, tanto para contratar como para despedir, provocará que la ocupación se active en cuanto el PIB crezca un 1%, o incluso menos en algún sector.

Eso sí: el empleo será de peor calidad, porque la primera variable para medirlo seguirá siendo, además de la naturaleza del contrato, que será temporal y a tiempo parcial, la remuneración. Pero España de momento tiene pocas salidas que no sean esa. Y la gente comenzará a apreciar eso como algo mejor que nada. Ya quedará tiempo para pensar en generar empleo en sectores con más productividad y en pensar en cómo financiar con estos mimbres el cesto del estado del bienestar.

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