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¿Y si no se eleva el techo de deuda?

De repente, Washington se ha convertido en una pesadilla para los gestores de riesgos. El gobierno de Estados Unidos podría suspender pagos, si el Congreso no eleva el techo de la deuda y la administración decide entonces no utilizar su escaso dinero en efectivo para pagar a los acreedores. Los gurús de los riesgos tienen que intentar prepararse.

Cualquier suspensión de pagos estadounidense sería totalmente política –el país no se encuentra en quiebra–. Y sería casi seguro temporal, ya que los políticos eventualmente entrarían en razón. Pero una pérdida duradera de la solvencia sería un desastre sin paliativos.

La deuda de Estados Unidos se utiliza como una garantía libre de riesgo en millones de transacciones diarias por valor de cientos de miles de millones de dólares. Si ya no se considera segura, el sistema financiero global estaría sumido en el caos. Muy posiblemente no podría funcionar en absoluto.

Ni la Fed podría mantener el orden si los acreedores de EE UU decidieran deshacerse de los bonos del Tesoro

Afortunadamente, nadie quiere saber qué pasaría si el mundo perdiera su ancla financiera. Así que incluso si el gobierno no cumple con algunos pagos, la Reserva Federal de Ben Bernanke intentaría aplastar cualquier pánico incipiente mediante la compra de bonos del Tesoro por su valor total con dólares de nueva creación.

Es cierto que ni el banco central de Estados Unidos podría mantener el orden si los acreedores del país –sobre todo China y Japón– decidieran deshacerse de sus grandes reservas de bonos. Si estos titulares deciden que Estados Unidos es poco fiable, es difícil que la Fed pudiera calmarlos.

Pero los acreedores de Estados Unidos quieren el caos financiero mundial tan poco como cualquier otro inversor. Así que es casi seguro que responderían a una suspensión de pagos temporal con poco más que una firme reprimenda.

Así que, ¿qué deberían hacer los gestores de riesgos? No pueden prepararse de verdad para el Armagedón. Lo mejor es tener fe en la Fed, preparar mensajes tranquilizadores para los clientes –y posiblemente incluso prepararse para comprar cuando las ventas de los insensatos entre los que cunda el pánico creen oportunidades–.

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