Manuel Fernández López, ‘Lito’
Caricatura de Hogue
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'Lito': El zar en el palacio de invierno

Ahora ya podemos hacer la huelga general” es la frase que Nicolás Redondo Urbieta le dijo a Manuel Fernández López Lito (Mieres, Asturias, 1947) con gran satisfacción después del congreso extraordinario del metal de UGT en noviembre de 1988, en el que consiguieron deshacerse del secretario general de la federación, Antonio Puerta, y de la disparidad de criterios. Éste último era muy afín al entonces presidente del Gobierno, Felipe González, y al que luego fue ministro del Interior, José Luis Corcuera, y por tanto reacio a la huelga. Además, con la salida de Puerta, Nicolás Redondo ya controlaba la federación del metal, la primera federación industrial de España.

Lito le sirvió a Redondo de ariete contra el socialista Felipe González. La primera tarea que se le encargó a este sindicalista por convicción fue la de organizar dicha protesta contra el gobierno con tan solo 20 días de antelación –se celebró el 14 de diciembre–. A pesar del susto inicial, la primera huelga general de la democracia fue un éxito de convocatoria: incluso hubo cierres patronales. Además, transcurrió sin apenas incidentes. Rechazaban las políticas de rigor presupuestario y la liberalización económica que estaba aplicando el ejecutivo de González.

El secretario general de Metal, Construcción y Afines de UGT (MCA-UGT) anunció ya hace meses que no se presentaría a la reelección en el vigesimosexto congreso de la Federación, que se acaba de celebrar en Burgos. Aunque está dispuesto a seguir vinculado a la organización –de hecho, será presidente de la federación del metal de UGT–, el líder asturiano considera que, a sus 66 años, lo mejor que puede hacer es dejar paso a sus compañeros en la dirección de la federación. Este histórico dirigente de UGT, haciendo autocrítica, aboga por un cambio estructural, tarea a la que se enfrentarán quienes a partir de ahora se quedan en las filas de esta organización. También ha dicho durante el congreso que “no habrá brotes verdes hasta que bajemos drásticamente las cifras de desempleo”, en relación a sectores tan perjudicados como la construcción y la industria.

El artífice del primer gran pacto social en Asturias lleva a sus espaldas una trayectoria ininterrumpida de 35 años como líder sindical. Es artífice de muchos convenios, el más emblemático, el Convenio general de la construcción. También ha sido el impulsor de la fusión de dos sectores que estaban al alza: el metal y la construcción. Ahí nació MCA-UGT, y ahí ha pasado Lito los últimos 15 años, en una de las federaciones más fuertes de España. De él, muchísimos destacan su gran capacidad para la lucha sindical. En las patronales del metal y la construcción –Confemetal y CNC– solo tienen buenas palabras. Dicen que sin sus negociaciones durante décadas, no hubieran alcanzado tantos objetivos.

Las patronales del metal y la construcción destacan su gran capacidad para negociar y piensan que ha sido un personaje clave

En 1994 intentó dar el salto a la dirección de la UGT nacional, pero perdió el congreso frente al actual secretario general de UGT, Cándido Méndez, por un puñado de votos. Desde entonces, una especie de pacto tácito ha gobernado la UGT: Cándido Méndez se queda con el poder instittucional y Lito se queda con el poder real y se retira para siempre como un orgulloso zar a su palacio de invierno.

Es padre de cinco hijos y está casado en segundas nupcias; es experto socio laboral por la UNED y cursó estudios de Derecho en la Universidad de Oviedo. Ha sido secretario general de Metal, Construcción y Afines de UGT (MCA-UGT), de la Federación de Industria, y también presidente de la Fundación Anastasio de Gracia-Fitel. La primera empresa en la que trabajó fue la siderúrgica Ensidesa (actualmente Arcelor Mittal), donde se afilió a la UGT en 1976. Fue entonces cuando empezó su recorrido como líder sindical.

También ha ocupado hasta ahora las vicepresidencias de la Fundación Laboral de la Construcción (FLC), la de la Fundación del Metal para la Formación, Cualificación y el Empleo (FMF) así como la de la Fundación Laboral de la Madera y el Mueble (FLMM) y la de la Fundación del Cemento y el Medio Ambiente (Cema). En el congreso, ha abandonado estos cargos porque van unidos al de secretario general de MCA-UGT. Hace poco dejó sus responsabilidades como vicepresidente de la Federación Europea de Metalúrgicos (FEM). Ha sido consejero de ArcelorMittal, entre otras.

Fue diputado por el principado de Asturias en los inicios de la democracia, pero renunció. Mantiene que “no se puede estar en misa y repicando”.

Ahora, Carlos Romero sucederá a Lito, que se queda en el cargo de presidente de la Fundación MCA. No cierra la puerta al sindicalismo, seguirá informado de todo.

Además de empedernido fumador de puros, es un apasionado del fútbol. Siempre ha sido hincha del Sporting de Gijón, pero también le gustan el Barça y el Raúl Madrid. Cree que no es incompatible ser aficionado de los dos equipos principales de nuestra liga y, de hecho, es amigo tanto del blaugrana Joan Gaspart como del blanco Florentino Pérez.

A partir de ahora, se dedicará al pequeño huerto que tiene en la casa que durante tanto tiempo ha estado construyendo a las afueras de Oviedo, en un prau asturianu. Nunca ha sido aficionado a trabajar la tierra pero está empeñado en esa idea, que tantas bromas está generando en su entorno. Tambien es aficionado a la cocina, pero no es ningún doctor en la materia: sus amigos siguen recordando entre carcajadas aquella paella que salió tan insípida hace más de 20 años. Además, le gustan la lectura, las maquetas de trenes y el dibujo. En esta nueva etapa, estudiará inglés, su asignatura pendiente.

Destacan entre sus amigos Gonzalo Urquijo –Arcelormittal España–, Juan Lazcano –CNC–, Andrés Sánchez –Confemetal–, y Berthold Huber –IG Metall–, entre otros. Igualmente, conserva a los de toda la vida: además de los del sindicato, siguen estando los del colegio, como Víctor Manuel (también de Mieres), que ha cantado junto a Ana Belén en el congreso de Burgos.

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