Editorial

Algo se mueve en el mercado de trabajo

El registro de parados ha contabilizado en septiembre el mejor comportamiento en tal mes desde el inicio de la crisis, y la Seguridad Social ha experimentado lo propio con sus afiliados cotizantes. Un mes no hace tendencia, pero septiembre se suma a un desempeño de las cifras de ocupación de los meses pasados que permite asegurar que algo consistente se mueve en el mercado de trabajo. Que el aumento del paro nominal se torne en descenso en términos desestacionalizados en septiembre, o que la caída nominal de la afiliación convierta al mes en el primero con avance en términos también desestacionalizados desde antes de la crisis, solo es la confirmación de la evolución positiva que las variables laborales habían iniciado ya en la primavera. Tras seis meses de descenso del paro, el número de desempleados registra ahora una cifra de 125.000 personas inferior que el primero de enero; y respecto a hace doce meses justos, está prácticamente estabilizado, algo que no ocurría desde que hace más de seis meses se inició esta devastadora crisis.

La estabilización de las cifras de ocupación se ha producido en palalelo a la estabilización de la propia actividad económica, puesto que hasta este tercer trimestre del año que acaba de concluir no se ha registrado avance de la economía, y su cuantía se habrá movido, en el mejor de los casos, en el entorno del 0,1%, tal como el Banco de España ha insinuado. Pero de replicar en los próximos trimestres este mimetismo de comportamiento, la variable empleo había cambiado su elasticidad respecto al crecimiento económico, acoplándose tanto a un factor trabajo más barato desde la reforma laboral y como a la necesidad de las empresas de comenzar a recomponer unas plantillas excesivamente adelgazadas por la crisis de demanda de los últimos años. Si así fuere, bien pudiera ocurrir que en 2014, con un avance del 1% del PIB, que es la media de previsiones en la que se mueven los analistas, la ocupación avanzase de forma apreciable, pese a que las mejores estimaciones en términos de contabilidad nacional y de Encuesta de Población Activa hablan de estabilidad o ligera caída.

Si la mejora de los números es evidente, no es menos evidente la pobreza de las condiciones de los nuevos puestos de trabajo, más sesgados hacia la contratación a tiempo parcial y con nuevos avances en la temporalidad. Los parámetros tradicionales del empleo, en todo caso, han cambiado con esta crisis, y asistiremos a varios trimestres de empleo razonable en cantidad, pero cuestionable en calidad. En todo caso, las empresas deben tratar de devolver paulatinamente los estándares de calidad a medida que se recompone el crecimiento de la economía, y, con él, el de sus negocios. Si mejora el empleo, se alivia la variable más dolorosa de la crisis, y cambia el sesgo contractivo que pone en riesgo el futuro del sistema de pensiones públicas.

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