Editorial

Una crisis con daños colaterales

Las crisis políticas producidas en las últimas horas tanto en Estados Unidos como en Italia constituyen un ejemplo de los riesgos que conllevan para el bien común los conflictos, enfrentamientos y usos ilícitos –sin duda, ese es el caso de Italia– del poder parlamentario. El Ejecutivo de Estados Unidos se vio obligado ayer a cerrar parte de sus operaciones, después de que finalizase el plazo para aprobar nuevos presupuestos sin haber logrado un acuerdo en el Congreso. La profunda división entre demócratas y republicanos culminó en una orden gubernamental que instó a las agencias federales a realizar “un cierre ordenado debido a la falta de fondos”. A este lado del Atlántico, el desesperado intento de Silvio Berlusconi por evitar su expulsión del Senado –tal y como la ley italiana prevé para los representantes políticos condenados por la justicia– ha provocado profundas grietas en el frágil equilibrio parlamentario que sustenta al primer ministro del país, Enrico Letta. Letta afronta hoy una votación de confianza, tras las amenazas de los ministros de Il Cavaliere de retirarle su apoyo si este pierde su escaño. Pese a que todo apunta a que algunos de los hombres de Berlusconi se desmarcarán de esa consigna y apoyarán al primer ministro italiano, el daño provocado a la credibilidad del Gobierno es seria y profunda.

Ambos conflictos, sin embargo, no son comparables ni en sus causas ni en sus consecuencias. Mientras la crisis italiana nace de la insólita negativa de Silvio Berlusconi a cumplir la ley, lo ocurrido en Estados Unidos constituye un reflejo de las feroces diferencias que enfrentan a republicanos y demócratas, pero también del juego duro que rige en la política parlamentaria estadounidense. Desde 1976 se han producido nada más y nada menos que 17 cierres de Gobierno, ocho de ellos solo durante la década que duró la era Reagan.

Más allá de la causa política que ha llevado a este apagón, personalizada en esta ocasión en una reforma sanitaria de Barack Obama que el Partido Republicano rechaza, el cierre del Gobierno de EE UU puede tener graves consecuencias económicas tanto dentro como fuera del país. Unas consecuencias que podrían agudizarse si el conflicto se prolonga y pone en peligro la aprobación del techo de deuda en las próximas semanas. Como ya ocurriera en 2011, cuando el país estuvo a un paso del abismo fiscal, las probabilidades de que esa amenaza desate una crisis en los mercados de deuda es muy alta y sus consecuencias, graves e inciertas. Por ello resulta urgente apelar a la responsabilidad y a la prudencia para resolver un bloqueo cuyos daños colaterales pueden desequilibrar no solo a la economía estadounidense, sino también al conjunto de las economías globales.

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