Las consecuencias de la prórroga en los estímulos
Fachada de la Bolsa de Nueva York.
Fachada de la Bolsa de Nueva York.

La Fed desconcierta a los inversores y abre un período de incertidumbre

La Fed ha vinculado el momento del cambio en su política de tipos de interés a un desempleo por debajo de la tasa del 6,5%, si bien en la reunión de esta semana ya ha advertido que una vez logrado ese nivel, el alza de tipos no sería automática. Un aviso a navegantes.

Los expertos no esperan ahora el inicio del recorte de los estímulos de la Fed hasta diciembre. La reunión de la Reserva Federal en octubre no dará margen de tiempo suficiente para disponer de nuevos datos macroeconómicos con los que tomar la decisión, apunta Barclays. Y si el recorte en las compras no llega hasta diciembre, esto supondrá una retirada de los estímulos más brusca de lo previsto y, en definitiva, una recuperación económica, con tipos de interés más elevados, que se demora en el tiempo. Barclays revisa sus estimaciones y prevé ahora que las compras de activos se reduzcan a partir de diciembre en 15.000 millones de euros, hasta desaparecer en junio de 2014, tres meses más tarde de lo que había previsto, y retrasa también el primer alza de tipos a junio de 2015, desde una estimación anterior de marzo de ese año.

Para muchos, la decisión de la Fed de prolongar los estímulos es la medida de prudencia necesaria a la vista del ritmo desconcertante de recuperación de la economía de EE UU. Bernanke no traiciona así al cuidado análisis de la situación que ha hecho desde el inicio de la crisis.

Pero la incertidumbre sobre el ritmo de retirada de estímulos ahora está servida, más aún cuando la Reserva Federal había dibujado ya un calendario de salida de la crisis al que los inversores, tan del gusto de una política monetaria lo más previsible posible, habían ajustado sus estrategias. Bernanke ha descolocado al mercado y con el mensaje lanzado en mayo ya provocó un efecto nocivo para la reactivación económica, el alza del bono estadounidense en anticipo a la retirada de estímulos, que pasó del 1,9% a rozar el 3%, con el consiguiente encarecimiento del coste de financiación para la economía y las empresas del país. Un efecto que, si bien se suavizará ligeramente, queda ahí y ha contribuido ya a deteriorar la fotografía económica del tercer trimestre.

Por lo pronto, la comunicación con el mercado ha fallado y más allá de si hay también un error de cálculo en las previsiones económicas que manejaba la Fed –que por otra parte nunca concretó la fecha del primer recorte de estímulos–, de fondo queda la evidencia de las flaquezas de la economía de EE UU. En palabras de Philippe Waechter, economista jefe de la gestora Natixis Asset Management (NAM), “al final, lo que queda de esta reunión de la Fed es que hay un problema de crecimiento global. Estados Unidos no es el líder que podríamos esperar y su crecimiento no tendrá un efecto contagio en otras regiones del mundo”. Aún habrá que esperar.

La política marca la recta final del mandato de Bernanke

Los expertos no esperan ahora el inicio del recorte de los estímulos de la Fed hasta diciembre. La reunión de la Reserva Federal en octubre no dará margen de tiempo suficiente para disponer de nuevos datos macroeconómicos con los que tomar la decisión, apunta Barclays. Y si el recorte en las compras no llega hasta diciembre, esto supondrá una retirada de los estímulos más brusca de lo previsto y, en definitiva, una recuperación económica, con tipos de interés más elevados, que se demora en el tiempo. Barclays revisa sus estimaciones y prevé ahora que las compras de activos se reduzcan a partir de diciembre en 15.000 millones de euros, hasta desaparecer en junio de 2014, tres meses más tarde de lo que había previsto, y retrasa también el primer alza de tipos a junio de 2015, desde una estimación anterior de marzo de ese año.

Para algunos, la decisión de la Fed de prolongar los estímulos es la medida de prudencia necesaria a la vista del ritmo desconcertante de recuperación de la economía de EE UU. Bernanke no traiciona así al cuidado análisis de la situación que ha hecho desde el inicio de la crisis.

Pero la incertidumbre sobre el ritmo de retirada de estímulos ahora está servida, más aún cuando la Reserva Federal había dibujado ya un calendario de salida de la crisis al que los inversores, tan del gusto de una política monetaria lo más previsible posible, habían ajustado sus estrategias. Bernanke ha descolocado al mercado y con el mensaje lanzado en mayo ya provocó un efecto nocivo para la reactivación económica, el alza del bono estadounidense en anticipo a la retirada de estímulos, que pasó del 1,9% a rozar el 3%, con el consiguiente encarecimiento del coste de financiación para la economía y las empresas del país. Un efecto que, si bien se suavizará ligeramente, queda ahí y ha contribuido ya a deteriorar la fotografía económica del tercer trimestre.

Por lo pronto, la comunicación con el mercado ha fallado y más allá de si hay también un error de cálculo en las previsiones económicas que manejaba la Fed –que por otra parte nunca concretó la fecha del primer recorte de estímulos–, de fondo queda la evidencia de las flaquezas de la economía de EE UU. En palabras de Philippe Waechter, economista jefe de la gestora Natixis Asset Management (NAM), “al final, lo que queda de esta reunión de la Fed es que hay un problema de crecimiento global. Estados Unidos no es el líder que podríamos esperar y su crecimiento no tendrá un efecto contagio en otras regiones del mundo”. Aún habrá que esperar.

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