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Día señalado para Royal Mail

El grupo británico de propiedad estatal Royal Mail por fin ha formalizado su OPV, con la esperanza de vender acciones a inversores, empleados de correos y grandes instituciones de inversiones.

Puede que sea una de las últimas grandes liquidaciones estatales de Reino Unido. Durante años un Royal Mail con pérdidas, ineficiente y fuertemente sindicalizado quedaba fuera de los límites, incluso en el país pionero en la privatización. La muerte lenta de las cartas apenas ha ayudado. Hoy en día, la salida a bolsa sigue siendo políticamente controvertida, y los sindicatos tercos: en efecto, se avecina una huelga. Pero Royal Mail es ahora una empresa más ágil, rentable, despojada de un enorme déficit de pensiones, y con mayor libertad para fijar los precios. Está lista para salir a bolsa.

Si bien el volumen de cartas seguirá cayendo, tiene que aprovechar el auge del comercio electrónico. Royal Mail tiene más relevancia en la entrega de paquetes que algunos de sus homólogos que cotizan en bolsa, como los de Bélgica y Austria. Con ello genera la mitad de sus ingresos. PwC prevé que los volúmenes de paquetes crecerán un 3% al año en la próxima década.

Sin embargo, la promesa de pagar un dividendo de 133 millones de libras en el ejercicio en curso muestra que Royal Mail no puede basarse en promesas de crecimiento para atraer a los inversores. Esa cifra sería de 200 millones de libras, si Royal Mail hubiera estado cotizando los 12 meses.

Supongamos que Royal Mail tiene un valor de mercado, según lo que se estima en los parqués, de 2.750 millones de libras. Eso produciría una impresionante rentabilidad por dividendo del 7,3%, el doble de la media del mercado en Reino Unido y mucho más del 3,5% y 6% que ofrecen respectivamente sus rivales de Alemania y Austria. Está en consonancia con la bpost de Bélgica, que salió a bolsa recientemente.

El poder de atracción del dividendo depende, por supuesto, en última instancia del aún desconocido precio de las acciones. Pero la promesa de grandes pagos reconoce de forma sensata que las empresas postales son valores de ingresos más que historias de crecimiento.

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