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El BCE debe ir más allá de las palabras

Hace un año el compromiso de Mario Draghi para salvar el euro impidió el caos. Sus palabras fueron suficientes, y su plan de compra de bonos soberanos, si era necesario, hizo efecto. Pero ello no ha devuelto la fe en la deuda periférica. Los tiempos han cambiado, y el Banco Central Europeo debe utilizar otras herramientas –incluso inventarlas si fuera necesario.

El programa de compra de bonos que anunció Mario Draghi en julio de 2012, conocido como OMT (por sus siglas en inglés), nunca vio la luz. A pesar de ello, la renabilidad de los bonos a 10 años españoles e italianos disminuyó en 2,7 y 2,9 puntos porcentuales. Algo imposible de comparar con las funestas adquisiciones de bonos de la zona de la moneda única que realizó el BCE en 2011, y que costaron al banco central unos 200.000 millones de euros, sin que consiquiera obtener ningún resultado.

Draghi ha marcado los tiempos de una forma correcta. Tras de meses de austeridad, la dependencia de las economías periféricas del capital exterior estaba disminuyendo. Países como España e Italia podían contar con sus bancos y compañías de seguros para llevar a cabo compras de su deuda. Era más difícil influir en los mercados de bonos más domésticos.

Un año después de que Draghi afirmara que haría “lo necesario” para salvar el euro, los problemas son distintos

Un año después de las palabras de Draghi (“haré lo que sea necesario para salvar al euro”), los problemas son diferentes y requieren una caja de herramientas más diversificada. Sigue siendo difícil que la zona euro alcance la auténtica recuperación, teniendo en cuenta que los costes de financiación para los bancos y las empresas de los países más débiles siguen siendo demasiado elevaos.

El BCE ha empezado a cambiar. Pero se enfrenta a la cuestión universal de la banca central, es decir, qué deben hacer estas instituciones cuando los tipos de interés se encuentran cerca del nivel del cero o ya están por debajo de él. Es posible que el BCE tenga que inyectar de nuevo en las entidades un gran flujo de fondos de liquidez ultrabaratos, y a ultra largo plazo. Este proceso que se ha desarrollado de forma virtual ha tenido sus encantos, pero ahora Draghi tiene que ser realista.

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