El sector se juega más de 400 puntos de capital

Toda la banca coincide: “la supervisión única europea nos beneficia”

Los bancos españoles se consideran discriminados frente al resto de las entidades europeas

El sector considera que las exigencias del Banco de España son superiores a las de otros supervisores

Los bancos pliegan velas hasta septiembre. Eso sí, los equipos financieros mantendrán sus despachos abiertos en agosto. Deben preparar los exámenes de septiembre que les tienen preparados el Banco de España y el Banco Central Europeo (BCE) como paso preliminar al gran salto de fin de carrera al que les convocará la Autoridad Bancaria Europea (EBA) antes de que finalice el primer semestre del próximo año.

Pero por si fuera poco, los bancos españoles deben también convencer a los mercados de que están tan preparados como los que más para hacer frente ya a las innumerables exigencias impuestas por Basilea III. Y es que en el mercado ya cotizan los ratios de capital que deberían alcanzar las entidades financieras en 2019, y eso que no es hasta el próximo año cuando entra en vigor esta norma internacional que, inicialmente, se debería aplicar paulatinamente.

De momento, la gran banca está cerrando la publicación de sus cuentas de resultados semestrales, que en general parece que han sido ligeramente más positivas de lo que hace solo tres meses se preveía, aunque sin echar las campanas al vuelo y a falta de que mañana Santander presente sus resultados y un día después lo haga BBVA.

Santander, además, presentará ante los medios a Javier Marín en su nuevo cargo de consejero delegado, ya que en el grupo lleva más de 23 años. Por cierto, desde que es el número dos de la entidad el goteo de cambios en el organigrama de Santander ha sido continuo. Toda una revolución encubierta.

El mismo día que finaliza la presentación de los resultados de la gran banca, todas las entidades financieras tendrán que haber remitido ya al Banco de España si las condiciones hipotecarias de limitación del euríbor cumplen con el estándar de transparencia que exigió el Tribunal Supremo en su sentencia del 9 de mayo. Es decir, explicar las condiciones de las conocidas cláusulas suelo.

De momento, casi todas las entidades, a excepción de las tres que señalaba la sentencia –BBVA, Cajamar y Novagalicia– mantienen sus hipotecas con cláusula suelo, aunque es cierto que su comercialización se ha vuelto casi marginal. Y todas esperan la decisión también del Supremo ante el recurso presentado por BBVA y Cajamar el pasado 11 de julio, contra el fallo de este Tribunal, lo que puede llegar en septiembre.

A finales de ese mes los bancos volverán a remitir al Banco de España sus datos, pero en esta ocasión sobre el estado de sus refinanciaciones y de sus activos ponderados por riesgo, conocidos en la jerga financiera como APRs. Poco después el supervisor nacional y el europeo, les realizará un test (cada banco central nacional a las entidades de su país y el BCE a todos) previo al que efectuará la EBA en los primeros meses de 2014. Toda la banca está convencida de que pasará con holgura todos estas pruebas de resistencia, pese a las mayores exigencias de provisiones por refinanciación y a la entrada en vigor en su primera fase de Basilea III, que llevará consigo mayores necesidades de capital.

Incluso la consultora Oliver Wyman, que en septiembre del pasado año examinó a la banca española y suspendió a Banco Popular cree que el sector está preparado para estos retos, según ha comentado a algún que otro ejecutivo financiero.

Pese a todo, los bancos españoles se quejan de que las normativas son más duras en el país que en el resto de Europa. “Si en Europa se aplicarán las mismas reglas en el cómputo del capital para los activos ponderados por riesgo o para los créditos fiscales la banca española sería, sin duda, la más solvente del mundo”, afirmaba el viernes el consejero delegado de un gran banco.

El sector calcula que si se aplicaran las mismas normas para los créditos fiscales y para los APRs la banca española podría sumar entre 400 a 500 puntos básicos más de capital, unas altísimas cifras que se sumarían a los ratios de solvencia actuales, y con los que ya cumplen con Basilea III, por lo menos en su primera fase.

Las entidades llevan ya meses, e incluso años, negociando modificaciones en las normas para evitar lo que consideran una discriminación. Pero todas coinciden en que una vez que se produzca la supervisión única europea a través del BCE las reglas cambiarán y se homogeneizarán. “Entonces todos operaremos bajo las mismas normas. Todos coincidimos, la supervisión única europea nos beneficia. No tenemos ninguna duda”.

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