Editorial

Una herramienta de flexibilidad

El empleo a tiempo parcial siempre ha tenido dificultades para cuajar en el mercado de trabajo español, tanto por rigideces legislativas como por la existencia de alternativas más flexibles en manos de los empresarios. Pero en la salida lenta de esta última crisis económica y de empleo, esta modalidad de trabajo con jornada irregular y no completa se está abriendo camino de forma acelerada. Tanto, que ya hay 2,49 millones de trabajadores contratados a tiempo parcial en los sectores no agrarios, más que trabajadores con contrato temporal, independientemente de la duración de su jornada. Este avance súbito de esta fórmula de empleo proporciona una idea bastante certera de lo que buscan las empresas en una economía intensiva en servicios, en la que la demanda tiene una debilidad anormal y en la que el abaratamiento de los costes, la devaluación interna, es el norte para poder competir con los iguales.

La flexibilidad del mercado de trabajo se está desplazando desde la contratación temporal, sin coste de salida, hacia la liberalidad en la duración de la jornada y un uso igualmente flexible de la remuneración. Así, mientras baja la tasa de temporalidad, que ha vuelto a los valores de los ochenta, sube la de tiempo parcial, que refleja un mercado de perfil cuasi europeo.

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