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Retiro inseguro

Un exceso de capital se ha convertido en una fuga en los mercados emergentes. Las bolsas de las economías desarrolladas pueden ser las beneficiadas por el momento. Pero el cambio simplemente intercambia un conjunto de riesgos por otro.

Durante los últimos seis meses, las expectativas de que la Reserva Federal de Estados Unidos podría reducir sus programas de estímulo han golpeado a los activos de los mercados emergentes. La renta variable (medida por los índices MSCI) y los bonos en dólares, la rupia india y el rublo ruso han caído un 8%. El real brasileño lo ha hecho un 10%. La dilación sobre los planes de la Fed podría dar un respiro a los mercados emergentes. Pero la tendencia general, es que la debilidad se imponga.

La suposición de que las economías emergentes crezcan más rápido está en cuestión. El Fondo Monetario Internacional ha reducido sus previsiones de crecimiento para 2013 de Rusia, Brasil, México y Sudáfrica en medio punto porcentual o más, hasta dejar a cada una de ellas por debajo del 3%. Las previsiones de crecimiento de China se han reducido ligeramente a medida que las exportaciones y el crédito se contraen.

Las tensiones políticas crecen. Los disturbios en Brasil y Turquía son los más graves en muchos años. No se sabe cómo reaccionarán los gobiernos. El banco central de Turquía está intentando evitar unos mayores tipos de interés, pero acabar con las reservas para reforzar la lira no puede comprar la estabilidad. Con la desaceleración del crecimiento y una financiación más complicada, el despilfarro y la mala dirección en los mercados emergentes podrían salir a la luz.

El problema es que los mercados desarrollados no son un refugio seguro. Hay una recuperación moderada en Estados Unidos. Pero la zona euro, que se prevé que se contraiga por segundo año consecutivo, es un lastre. El FMI ha reducido a la mitad su previsión de crecimiento para Alemania a solo un 0,3% este año. El pronóstico de ingresos es borroso.

La tendencia inspirada por la flexibilización cuantitativa de los últimos años ha sido la de impulsar a los activos a los extremos antes de dejarlos caer. Los inversores de mercados desarrollados podrían temer que la misma trampa les espere.

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