Editorial

Por un sistema tributario útil

El Gobierno dio el viernes el pistoletazo de salida a la que, sin lugar a dudas, será la reforma estrella de la segunda parte de la legislatura de Mariano Rajoy:la fiscal. El primer paso ha sido la constitución de un grupo de nueve expertos que será presidido por Manuel Lagares, un clásico, que ha intervenido, de una manera u otra, prácticamente en todas las reformas tributarias habidas desde la Transición. El perfil del grupo de expertos es claramente académico, lo cual invita a pensar que su dictamen final trazará las grandes líneas maestras sobre el futuro sistema a implantar y que el ajuste fino dependerá de la política. En cualquier caso, el trabajo de este grupo nace sobre la base de un amplísimo consenso que reconoce que el sistema actual no funciona. En España se da la paradoja de que unos tipos formales muy elevados coinciden con una de las recaudaciones más bajas del entorno. El sistema tributario de un país que aspira a ser moderno y eficaz debe estar impregnado de esas dos características. A las que, necesariamente, se debe unir una tercera: la claridad. La maraña de deducciones que existe actualmente se convierte, en la mayoría de las ocasiones, en una red de aliviaderos por los que se escapan ingresos necesarios para sostener, equilibrar y dar solvencia a las cuentas del Estado.

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