Tribuna

Los jóvenes: una emergencia social

El desempleo disminuyó (127.248 personas) en el mes de junio, según los servicios públicos de empleo. En los últimos 12 meses, el paro aumentó en más de 148.000 desempleados (3,2%) y la Seguridad social perdió 633.000 afiliados ocupados (-3,7%).

La explosión del desempleo no tiene los mismos costes para todos: los jóvenes son los más castigados y las primeras víctimas del mercado laboral. En la Unión Europea, más de 26 millones de personas se encuentran sin trabajo, de ellas cerca de 6 millones son menores de 25 años (23,5% tasa paro), según la oficina europea de estadística (Eurostat).

La situación es crítica en nuestro país pero no es ninguna sorpresa. La tasa de desempleo duplica con creces la media europea, más de un joven sobre dos está sin empleo, y es la más elevada desde que existen datos. Según Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo, “una vergüenza inaceptable” y en palabras de José Manuel Durão Barroso, presidente en la Comisión Europea, “una emergencia social”. Hasta el presidente de Alemania, Joachim Gauck, ha llegado a decir que no le gustaría ver a sus nietos en la posición de los jóvenes españoles sin trabajo. Sin embargo, son paradójicas sus palabras: primeramente nos imponen la receta de la austeridad a ultranza y posteriormente critican sus resultados.

Los dirigentes europeos han entendido tarde que la austeridad no es la única respuesta de la UE para hacer frente a la crisis y se han puesto de acuerdo, en la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la semana pasada, para aplicar estímulos económicos a corto plazo, aunque de forma limitada e insuficiente, como así han reconocido las autoridades comunitarias, para agilizar el desbloqueo adelantado de 6.000 millones de euros y concentrando al periodo 2014-2015 su utilización, es decir, dos años en vez de siete, con el fin de combatir el desempleo juvenil. Con ello, se pretende intensificar su efecto a corto plazo y, además, se podrá aumentar en una cantidad adicional de 2.000 millones de euros procedente del excedente del presupuesto comunitario en 2014-2016. Así, el montante global del programa ascendería a 8.000 millones de euros (0,08% del PIB comunitario). Los fondos económicos van a ser destinados a países con tasas de desempleo juvenil superiores al 25% (13 países miembros). En este se caso se verían beneficiados países como Grecia (59,2%), España (56,4%), Portugal (42,5%) e Italia (40,5%).

En el caso particular de nuestro país se esperan recibir 1.900 millones de euros en los próximos dos años, y deberán beneficiar a cerca de un millón de jóvenes parados. Ello significa distribuir 1.000 euros por cada persona desempleada joven en 2014 y otros 1.000 euros en 2015. Sin caer en demagogias, es el equivalente a dar trabajo al conjunto de jóvenes, entre 16 a 25 años, durante un mes con un salario de 1.000 euros.

En declaraciones recientes, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, considera que luchar contra el desempleo no depende exclusivamente de las medidas adoptadas a nivel comunitario. Son los propios países miembros con sus Gobiernos y Parlamentos los que deben adoptar las medidas adecuadas para combatir el desempleo por parte de cada país. En este contexto, nos llama poderosamente la atención cierta falta de coherencia por parte del Gobierno español ya que mientras solicita ayuda económica en la Comisión Europea para hacer frente al desempleo, en nuestro país se ha recortado precisamente (entre 2012 y 2013) la partida presupuestaria correspondiente a las políticas activas de empleo en 3.113 millones de euros, un 41% menos, el equivalente a 1,6 veces las ayudas económicas comunitarias que se esperan recibir, justo en el momento que más se necesitan.

En términos de estímulos económicos el reloj empieza a moverse. Ahora hace falta que se pare realmente el ritmo del reloj de la austeridad que ha funcionado con demasiada velocidad. Si bien es cierto que el montante de la ayuda económica no es impresionante, al menos servirá para aliviar la elevada tasa de desempleo de los jóvenes y la obtención de un compromiso por parte de la UE. Sin embargo, harán falta medidas adicionales para evitar la exclusión. De momento, los miembros de la UE están de acuerdo en que crecimiento y empleo pueden ir juntos con la austeridad. Las políticas de empleo no deben ser solo económicas, deben contar con el respaldo ciudadano. Las personas no son una variable del ajuste presupuestario.

 

Vicente Castelló es profesor de la Universidad Jaume I

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