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El programa electoral de Merkel

En Alemania, los dos partidos de centro izquierda están compitiendo por los votos de las elecciones del 22 de septiembre: el tradicional partido progresista Socialdemócrata y la supuesta conservadora CDU de Angela Merkel. En su campaña para un tercer mandato, la canciller promete pensiones más altas, más beneficios para el cuidado infantil, una regulación más estricta de los mercados de trabajo y un control de la renta. Todo ello, con una etiqueta de precio de hasta 28.500 millones de euros.

Aumentar el gasto público parece una buena idea en un país con grandes superávits en cuenta corriente y bonos de baja rentabilidad. Algunas de las promesas de Merkel, como mayores inversiones en la infraestructura vial y ajustar los impuestos a la inflación, son muy útiles.

Pero la mayor parte del programa electoral pasa por alto los retos a largo plazo a los que se enfrenta la economía más fuerte de Europa: una deprimente demografía, una débil inversión privada y un crecimiento de la productividad insatisfactorio. Además, el mercado laboral y el sector servicios siguen teniendo una regulación demasiado estricta. En este momento, los factores cíclicos están enmascarando estos problemas más profundos. La decisión de Merkel de no abordarlos está en consonancia con el espíritu de la época del país. Los votantes quieren seguir postergándolos y Merkel va de la mano.

En este momento, los factores cíclicos enmascaran los problemas más profundos de Alemania

Ese suavizado no es útil para Alemania, pero es una buena noticia para Europa. Después de los titubeos iniciales, Merkel decidió hacer todo lo posible para mantener el euro unido –”más Europa”, según sus propias palabras. A pesar de su reputación de implacable en la periferia, este compromiso ha llevado a muchas concesiones (rescates, unión bancaria o compra de bonos del BCE) que son muy impopulares en el país.

Sin la popularidad y la credibilidad personal de Merkel, los esfuerzos para salvar el euro podrían haber fracasado. En su forma actual, el éxito político de Merkel, incluida la ilusión de la campaña actual, ha neutralizado al nuevo partido anti euro. El resto de Europa debería alabar su talento político y esperar que sea reelegida.

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