Editorial

Draghi pone mucho más, pero de lo mismo

El Banco Central Europeo ha cumplido con su comportamiento tradicional, con la predictibilidad que ha exhibido en su aún corto itinerario: ha movido fichas tras unas cuantas semanas de presión y la incontestable demanda de las cifras macroeconómicas, pero se ha limitado a mover la piezas tradicionales. En su reunión de ayer, en Bratislava, ha corrido desacostumbrados riesgos bajando los tipos de interés hasta el mínimo histórico del 0,5% cuando el efecto marginal puede empezar a ser discutible, pero ha puesto sus propios límites, evitando nuevas fórmulas de estímulo del crédito y del crecimiento, dejando claro que se trata de un banco central europeo, no de otra zona monetaria donde la ortodoxia haya sido sustituida por la presión de la crisis.

 El Consejo del BCE se reunía ayer por vez primera tras la presión ejercida por el Fondo Monetario Internacional, por Estados Unidos con el viaje del secretario del Tesoro a Europa, e incluso tras constatar que las autoridades políticas europeas han comenzado a flexibilizar sus discursos de austeridad como dieta única en los países del sur de la zona euro, sobre todo tras comprobar que las cifras macroeconómicas, especialmente crecimiento y desempleo, han mostrado su peor cara desde que comenzó la crisis. Y las decisiones de la autoridad monetaria han respondido en parte a la presión, colocando el precio del dinero en los niveles más bajos de la historia de la moneda única europea, e insinuando que podría reducirse más si fuese necesario en los próximos meses. Además, el presidente del BCE, Mario Draghi, ha anunciado que la línea abierta de provisión de liquidez para la banca en todas sus modalidades estará disponible al menos hasta julio de 2014. Ambas cosas son los pilares que sostienen la política monetaria más expansiva que se recuerda en Europa, y que deberían activar el crédito en los próximos meses. El propio Draghi ha recordado que si no hubiese una correcta transmisión de la política monetaria con estas condiciones y no fluyese el crédito ahora, la banca no podrá justificarlo por falta de liquidez.

Las compuertas tradicionales están plenamente abiertas, pero el crédito no fluye cuanto debería, y no lo hace en similar cantidad ni en similar precio en todos los países de Europa, lo que supone que las empresas y los particulares de países como España soportan un sobrecoste que reduce su competitividad en los mercados. Quién tiene la responsabilidad de solucionar tales problemas es la cuestión que debe solventarse cuanto antes para no seguir prolongando la crisis y desaprovechando condiciones monetarias históricamente expansivas, con el problema añadido de que puede generalizarse la sensación de que el efecto movilizador de la abundancia de dinero y su bajo precio son instrumentos inútiles.

El BCE quiere dejar claro que no es asunto suyo en exclusiva, y por ello únicamente está dispuesto a hablar de otras fórmulas para estimular el crédito o la financiación concreta de pymes, así como considerar la posibilidad de tomar en consideración determinadas titulizaciones como colaterales en las financiaciones, o incluso el extremo de llevar la remuneración de los depósitos de los bancos en la caja del BCE por debajo del cero para obligar a la banca a poner la liquidez en circulación activa.

Además, la autoridad monetaria insiste en que los Gobiernos no han hecho todo lo que está en su mano para equilibrar las cuentas estatales, aunque el déficit agregado haya descendido en el último año, y llama la atención sobre la tendencia gubernamental a subir los impuestos en vez de recortar los gastos. Y reclama también una aplicación lo más rápida posible de la Unión Bancaria para garantizar una mejor transmisión de la política expansiva y evitar la fragmentación actual.

Todos tienen sus razones, y hasta los propios bancos pueden escudarse en una tímida demanda de crédito y falta de solvencia del demandante por la necesidad imperiosa de desapalancamiento de los agentes privados. Pero las cifras de desempleo son tan abrumadoramente negativas que es preciso exigir esfuerzos adicionales a todos, incluso al BCE para que rompa, al menos puntualmente, la ortodoxia monetaria abanderada por el Bundesbank. Además, el resto de instrumentos monetarios, como el Banco Europeo de Inversiones, deben ser utilizados a fondo en el empeño.

 

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