Medio Ambiente

¿Quiere ir al centro en su coche ‘sucio’? Entonces, pague

¿Quiere ir al centro en su coche ‘sucio’? Entonces, pague

El de Londres, que ha sido considerada una de las ciudades más contaminadas de Europa, podría ser el modelo a imitar para reducir la polución del aire. Bajo la batuta del actual alcalde, el conservador Boris Johnson, se puso en marcha en 2008 una zona de bajas emisiones, un área protegida que abarca la mayor parte del Gran Londres, en la que se paga una tasa diaria en función de las emisiones de cada vehículo.


La medida fue la respuesta del ayuntamiento de la capital británica a un estudio realizado por Transports of London, la autoridad responsable del transporte público, en el que este organismo asociaba a la mala calidad del aire mil muertes prematuras y mil ingresos hospitalarios cada año. Las partículas PM10 y el dióxido de nitrógeno (NO2) que exhalan sobre todo los vehículos diésel serían los principales causantes de dolencias cardiovasculares.

Los usuarios abonan una tasa en funciónde las emisiones del automóvil

La estrategia de esta zona de bajas emisiones es disuadir a los conductores de los utilitarios más contaminantes de circular por el centro de Londres, en concreto los camiones diésel más antiguos, autocares, furgonetas, minibuses y autocaravanas. Para todos los coches se fijó una tasa que varía en función de las emisiones. Dentro de esta zona, el sistema, que ha diseñado y gestiona la compañía Siemens, registra los números de matrícula de los vehículos, los compara con los almacenados en una base de datos y comprueba si el usuario ha pagado la tasa correspondiente.

Un total de 334 cámaras vigilan la entrada de cuatro millones de matrículas cada día, que se transmiten a un centro de control, donde se comparan con una base de datos.
La compañía estima que gracias a esta tecnología Londres habría reducido los atascos un 26% y que ahora circulan unos 60.000 vehículos menos diariamente por el principal anillo de la ciudad. A finales de año se espera cumplir con el objetivo de disminuir el 6,6% de partículas PM10, lo que supondría una reducción de 350.000 casos de afecciones respiratorias y ahorraría 256.000 pérdidas de días laborales.

Para la compañía, que ha instalado sistemas parecidos en otras urbes europeas de menor tamaño, como Glasgow, esta fórmula es una de las claves para ayudar a las ciudades a resolver sus problemas de calidad del aire, ante la creciente inquietud de la población urbana y una legislación europea cada vez más restrictiva. La normativa tiene a varios países bajo la amenaza de recibir severas multas por parte de la Comisión Europea por rebasar el máximo de 40 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno.

Cada vez más áreas protegidas

Según Siemens, Londres no es la única ciudad que aspira a reducir sus emisiones de CO2. Más de 70 urbes y pueblos de ocho países europeos “tienen o están preparando zonas de bajas emisiones para ayudar a cumplir con la calidad del aire”, comentan en la compañía.
Berlín y las ciudades holandesas de Ámsterdam, Rotterdam y Utrecht ya cuentan con zonas de medio ambiente, como también se han denominado estas áreas protegidas de los vehículos más antiguos y contaminantes. Asimismo, Noruega, Dinamarca y Suecia han integrado la tecnología de Siemens para crear zonas de bajas emisiones, y varias ciudades españolas estarían interesadas en este sistema para mejorar la calidad del aire.
Según cálculos de la empresa, el 75% de la energía se consume en un entorno urbano, que absorbe el 80% de las emisiones de CO2. Con el 50% de la población mundial viviendo en ciudades en 2030, “las soluciones innovadoras son necesarias para ayudar a resolver los problemas de calidad del aire”.

Bruselas denegó el año pasado a España una moratoria de cinco años para cumplir con la legislación europea de calidad del aire por estimar que las tres zonas que superaron los estándares –Barcelona, Palma de Mallorca y el Vallès-Baix Llobregat– no ofrecieron pruebas sólidas de haber hecho todo lo posible por ajustarse a la norma.

De ahí que Londres y otras urbes estén anunciando ambiciosos planes para reducir al máximo la huella contaminante del transporte. El alcalde londinense anunció en febrero de 2012 un grandilocuente proyecto para convertir el centro de la ciudad en “la primera zona de emisiones ultrabajas del mundo” en 2020, a base de apostar por más transporte público. Según Johnson, a partir de 2016 habrá al menos 1.600 autobuses híbridos –hoy circulan unos 8.500 cada día–. El plan también prevé medidas para reducir el impacto medioambiental de las obras de construcción, como incluir una zona de bajas emisiones para la maquinaria. Uno de los interrogantes pendientes de respuesta es si limitar el acceso al centro de Londres a los taxis con emisiones cero, que aún no existen en el mercado.

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