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El exceso de advertencias del FMI

El Fondo Monetario Internacional corre el riesgo de devaluar sus consejos por una sobrecarga de advertencias. Al no haber previsto la crisis financiera de 2008 o la del euro, el FMI parece ansioso por evitar otra situación embarazosa. Sus ahora rebosan alertas, desde la austeridad que acaba con el crecimiento a las arriesgadas apuestas de los fondos de pensiones de Estados Unidos. Demasiadas luces rojas no serán más útiles que la despreocupación de antaño.

Históricamente, el FMI ha tendido al exceso de optimismo. Durante el drama financiero en Grecia, predijo que la economía helena se contraería un 2,6% en 2011, cifra que quedó muy lejos del casi 7% de caída que realmente acumuló. La institución también elogió las economías de Egipto y Libia, unos meses antes de que sus regímenes autocráticos fueran derrocados. Se trata de una mentalidad excesivamente optimista que refleja su deseo de calmar los mercados financieros en momentos de ansiedad y de mantener contentos a sus 188 estados miembros.

Tras no haber previsto la crisis financiera de 2008 o la del euro, el FMI parece ansioso por evitar otra

Tras de esas meteduras de pata, la gerente del FMI, Christine Lagarde, marcó el tono de la reunión de primavera expresando su preocupación por que los préstamos de divisas realizados por las empresas de países emergentes hubieran crecido un 50% en los últimos cinco años.

A partir de ahí, los informes contienen una lista exhaustiva de quejas sobre las políticas de los estados y los accidentes que estarían a punto de ocurrir. Las naciones de Europa Occidental y Estados Unidos se arriesgan a perjudicar el crecimiento por una drástica reducción de los déficits presupuestarios. Las empresas europeas han alcanzado niveles insostenibles de deuda. Los fondos de pensiones públicos de Estados Unidos se han amontonado en alternativas de inversión peligrosas, como el capital riesgo. Son tan solo algunos de los peligros que ve.

Al menos FMI tendrá las espaldas cubiertas cuando esta vez. Una sincera exposición de las amenazas que se ciernen sobre los estados miembro es preferible al optimismo forzado. Excepto cuando hay tantas que no son creíbles.

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