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Desaladoras a medio gas

Desaladoras a medio gas

El agua es la inversión que nadie quiere en las mesas de decisión política, asegura un buen conocedor del sector. Es un tema sensible con un alto coste político. No hay agua suficiente y la disponible hay que repartirla. España oscila entre la escasez crónica y la sobreabundancia, como cuando este invierno las lluvias salvaron el suministro. Y de ahí al estrés hídrico, y vuelta a empezar.


El Gobierno de Zapatero apostó por desalar agua de mar, entre otras razones para abrir una alternativa a los polémicos trasvases entre comunidades autónomas. Su abanderada, la entonces ministra de Medio Ambiente Cristina Naborna, recibió duras críticas del PP, que ha continuado de facto la opción por las desalinizadoras.

Las futuras plantas producirán agua y energía a la vez


“A nosotros la tecnología que supone la desalación en modo alguno nos genera ninguna crítica ni nos supone un contratiempo. Nos parece una tecnología más a tener en cuenta. La crítica que hicimos está en cómo se planificó y cómo se gestionó”, según explicó el secretario de Estado de Medio Ambiente, Federico Ramos, durante una comparecencia en el Senado este mes.
El PP lidia ahora con las críticas por la inversión de 2.541 millones de euros en 51 plantas de desalación de las que solo 27 están en explotación desde que el PSOE las pusiera en marcha. Aún están pendientes de construir 13, y otras 11 aún no se han ejecutado. En 2012 el total de agua desalada alcanzó los 120 hectómetros cúbicos, lo que no llega ni al 20% de su capacidad ni de su estimación inicial.


Un sector sobredimensionado y caro


Muchas voces coinciden en que las 51 desaladoras proyectadas ya no responden a la demanda de agua de 2007, cuando empezaron a ejecutarse, en pleno boom inmobiliario y turístico en la costa y cuando la economía estaba en su ciclo más alto. Ahora, la falta de fondos amenaza su conclusión y las lluvias han dado agua suficiente para garantizar el suministro para consumo en los municipios costeros, que no la quieren porque tendrían que subir el recibo del agua a los contribuyentes. El pasado octubre, la tarifa del agua de la Mancomunidad de los Canales del Taibilla, en Cartagena, subió un 10% por las plantas que aún no se han puesto en marcha.
Los regantes no la compran porque les resulta mucho más cara que el agua natural o de fuentes reutilizadas, que puede rondar un euro por metro cúbico, según cálculos de las empresas de tecnologías del agua.


El dilema ahora es si seguir adelante con las que están en marcha, con las arcas públicas temblando. Para completarlas faltan 711 millones de euros y de no ejecutarlas, el Gobierno del PP tendrá que devolver los fondos europeos que ayudaron a financiarlas y que ascienden a 1.500 millones. El plazo para concluirlas vence en 2013.

Las compañías españolas, líderes mundiales

Que España se haya convertido en el cuarto país del mundo en capacidad instalada en desalación ha dado a las a las constructoras e ingenierías españolas para imponer su conocimiento por todo el mundo. Acciona, FCC, Ferrovial o Sacyr han levantado desaladoras en los cinco continentes, con plantas en Chile, Israel, Egipto, Emiratos Árabes o Marruecos.
España ya es un mercado maduro pero las compañías españolas han sabido aprovechar la experiencia adquirida para ganar contratos fuera. Algunas de las desaladoras más grandes son de compañías españolas, como la que Acciona construyó en Bekton, en Londres, que abastece de 150.000 metros cúbicos al día o la que construye en México.
La compañía tiene el 47% de su capacidad instalada fuera de España, un total de 70 plantas en Argelia, Arabia Saudí, Venezuela, Marruecos, Chipre o Emiratos Árabes.


Algunas autonomías, como Murcia, salvaron el suministro el verano pasado gracias a las plantas de desalación, que funcionaron a pleno rendimiento. Pero 12 años después de la aprobación del Plan Hidrológico Nacional que dio luz verde a la construcción de 41 desaladoras, los expertos coinciden en que están infrautilizadas y que se usan más bien únicamente en situaciones de emergencia. Barcelona, por ejemplo, que vive episodios recurrentes de escasez, tiene garantizado el abastecimiento gracias a la desalación.


“Más allá de los problemas administrativos y las diferencias de demanda, la desalación en España es una tecnología válida por la sequía pertinaz. Nosotros la vemos como una solución de emergencia”, explica José Ángel Legaz, consejero delegado de Veolia Water en España, la división de agua de la multinacional francesa.


La compañía, una de las mayores expertas e inversoras en plantas de desalación por todo el mundo, retomará en breve la construcción de la desaladora de Almería, tras un parón por problemas administrativos. La planta tendrá una capacidad de desalar 90.000 metros cúbicos de agua marina al día y será la tercera más grande después de la de Águilas de la empresa pública Acuamed en Murcia (70 hectómetros diarios), aún en pruebas, y Torrevieja, la mayor del Mediterráneo, con capacidad para desalar 240.000 metros cúbicos de agua al día y en fase final de construcción.


En el sector asumen que la construcción de desaladoras en España ha tocado techo. “No se necesitarán más plantas”, y de finalizarse, las proyectadas tendrán que reducir el enorme consumo de energía que requieren para funcionar y que encarece el agua. “Es mandatario que se reduzcan los costes si se quiere que la desalación prevalezca respecto a las aguas reutilizadas”, mantiene Legaz.


Las plantas futuras darán un paso más allá de la tecnología de la ósmosis inversa que hoy se utiliza para separar la sal del agua y producirán agua y energía simultáneamente. Este tipo de tecnología ya es líder en Oriente Próximo.


El otro gran reto sigue siendo dar alguna salida como subproducto al vertido de la salmuera sobrante tras el proceso de desalinización y que sigue encontrando el rechazo de las organizaciones conservacionistas.


Los expertos en agua se quejan, pese a todo, de que el principal problema de la política de desalación y de gestión del agua es la falta de estrategias a largo plazo. Las desaladoras siguen proyectadas mientras España ha sido amonestada en Europa por la ausencia de definición de los planes hidrológicos de cuencas. “Es imprescindible estudiar cuánta agua necesitamos en cada momento y zona geográfica”, concluyen en el sector.

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