Editorial

Mirlos blancos en un mercado vigilado

Los mercados financieros han castigado a España con intensidad durante los dos últimos años, desde que descubrieron que la demora política en transformar con reformas la economía retrasaría una larga temporada el crecimiento, y podría poner en riesgo la capacidad del país para devolver lo que había pedido prestado, tanto los agentes públicos como los privados. Pero al igual que los inversores sobrerreaccionan cuando se comportan como un colectivo gregario comprador, también lo hacen cuando desprecian los activos de un país y deciden venderlo. Los analistas más cerebrales consideran que España está sobrevendida en el mercado financiero y que, en términos generales, vale más de lo que cuesta, puesto que la mayoría de sus empresas tienen unas valoraciones en los índices muy inferiores a la composición de sus cuentas de resultados y a las expectativas de su negocio. Si un día el mercado decidió vender España, aún no ha decidido comprarla, aunque el sentimiento financiero sobre el país ha girado al signo positivo hace ya unos meses.

No obstante, este cambio en las expectativas de los inversores internacionales es muy lento y se mueve al son de las decisiones políticas y económicas de las autoridades españolas y europeas. Tras las reformas de Rajoy en 2012 (laboral, financiera y tributaria) y el consiguiente compromiso del BCE de hacer cuanto estuviese en su mano para preservar el futuro del euro, los inversores han iniciado un lento camino de retorno hacia los activos del sur de Europa, y hacia los españoles e italianos de forma más concreta. Pese a la crisis política italiana, con un Parlamento muy dividido en el que tras las elecciones es muy complicado formar un Gobierno estable, las primas de riesgo de España a Italia han descendido notablemente, y las Bolsas han comenzado el año con subidas apreciables.

No obstante, lo hecho hasta ahora, según los analistas asépticos, da para llevar la prima a los 300 puntos en el caso de España y el Ibex 35 hasta los 9.000 puntos. Conquistas de nuevas ganancias, tanto en deuda como en renta variable, no parecen posibles, salvo de forma muy coyuntural. Para que se produzcan de forma estructural, con una reducción de la prima hasta cerca de los 200 puntos como espera el Gobierno para este mismo año, y su correlación en la Bolsa, deben darse pasos adicionales en las reformas de los mercados de bienes, servicios y factores. Ni Europa hace todo el trabajo, ni los mercados regalan nada. No puede pararse la agenda reformista ni deben refugiarse los gobernantes en la autocomplacencia de que las cosas se han encaminado, porque pueden torcerse por simples detalles.

Los esfuerzos en control presupuestario deben ratificarse también este año, porque un déficit cercano al 7% como el que declara España es insostenible, como insostenible es el avance desmesurado que genera en una deuda ya desmesurada. La gran mayoría del progreso en la reducción de déficit fiscal se ha logrado en 2012 con recorte de gasto, con un componente estructural muy elevado, pero debe intensificarse, por complicado que parezca hacerlo de nuevo tras los severos recortes de partidas de gasto público. Esa determinación, junto con intensas reformas en el sector público que reasignen responsabilidades y recursos a los distintos niveles del Gobierno, así como cambios decididos en algunos mercados cuasi vírgenes –como el energético–, son la mejor herramienta para reducir el coste de la financiación, sin la cual el crecimiento será solo un deseo.

La pasada semana, que terminó con una apreciable revalorización de las compañías cotizadas, ha agotado prácticamente el recorrido justificado por los fundamentales. No obstante, los inversores siguen descubriendo unos cuantos valores que ya tuvieron muy buenos desempeños en 2012 y que siguen, como dicen los expertos, en subida libre. Hay una curiosa mezcla de empresas de crecimiento, valores refugio con generosos dividendos y apuestas insensibles al ciclo, así como otros con una parte muy apreciable del balance fuera de España y en mercados maduros. Una buena combinación de esta pequeña selección y aquéllos que por el lastre que proporciona España están muy infravalorados, con amplio margen de seguridad, deben constituir la apuesta de los inversores que quieran sacar partido a 2013.

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