Editorial

Un INE más riguroso y transparente

Un año después de la llegada de su nuevo presidente, Gregorio Izquierdo, el Instituto nacional de Estadística (INE) aborda una nueva etapa que no solo incluye intensificar el “rigor y la transparencia” –en palabras de mismo Izquierdo en estas mismas páginas– sino también introducir cambios y mejoras en las estadísticas que elabora el organismo. Entre esos cambios, el INE pretende incluir este año innovaciones en la Encuesta de Población Activa (EPA), realizada sobre una base de 700.000 entrevistas, y que el presidente del organismo defiende como la medida más fiable del desempleo en España. Pese a ello, y como muy bien sabe Izquierdo, no existe estadística perfecta. Por ello, entre esas innovaciones previstas para la EPA se incluirán muy pronto datos desestacionalizados, lo que permitirá desglosar qué parte del paro es atribuible al ciclo económico y cuál es meramente estacional. Otra mejora en ciernes es la denominada EPA de flujos, que no se limitará a ofrecer –como hasta el momento– el saldo de la evolución del mercado de trabajo, sino los flujos que lo integran, esto es, si se ha destruido más empleo o se han generado nuevos puestos. El tercer punto de la hoja de ruta es la actualización de la población con la incorporación de los datos del censo de 2011, un extremo imprescindible para todo país que quiera transmitir confianza y fiabilidad a través de unas estadísticas oficiales que no son meramente nacionales, sino que se proyectan también en el ámbito de la Unión Europea.

 

Como recuerda oportunamente Gregorio Izquierdo en la entrevista que ha concedido a CincoDías, la labor del INE no consiste en hacer proyecciones o estimaciones, sino en registrar la realidad. Y se podría añadir también que consiste, además, en ayudar a quienes sí se dedican a realizar diagnósticos y predicciones económicas, a quienes tienen la responsabilidad de adoptar decisiones de gobierno basadas en esas previsiones y, finalmente, a quienes actúan como operadores diarios en el mercado. Todos ellos deben disponer de las mejores herramientas a su alcance para poder llevar a cabo sus funciones con el mayor rigor y acierto posible.

Más allá de esa función de registro a efectos internos, la globalización de la economía y el papel que España juega en la Europa del euro convierte la mejora de las estadísticas oficiales también en una cuestión de marca. Tras esa frase clásica de Bernard Shaw que definía la estadística como “la ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno” subyace algo más que un agudo ingenio: subyace la percepción o el prejuicio histórico de que un eterno gap separa el dato de la realidad. Un escepticismo que solo se combate con rigor, transparencia y un registro lo más exhaustivo posible del pulso del país.

 

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