Ángel Ron

Cuestión de principios

Popular trata de superar la tormenta del sector bancario con sus medios. No es tarea fácil, pero su presidente ha decidido partir con los valores del banco por bandera.

La herencia recibida nos obliga, por lealtad y por convicción, a preservar y a potenciar nuestras señas de identidad. Por ello los criterios de independencia, transparencia, discreción, prudencia y fortaleza seguirán impulsando nuestra labor". Así se manifestaba en su primera junta de accionistas como presidente del Banco Popular Ángel Ron (Santiago de Compostela, 1962), a finales del mes de mayo de año 2006. En poco se parece el sector financiero de hace seis años al de hoy en día, parcialmente rescatado por los fondos estatales y europeos. Pero si algo no ha cambiado, al menos en el caso del Banco Popular, es su defensa por la independencia del grupo, por la búsqueda de todas las alternativas que sean posibles para evitar ser engullido no ya por alguno de sus grandes rivales, sino por los tentáculos del rescate bancario. Y en eso, mucho tiene que ver su presidente.

Los test de estrés elaborados por la consultora Oliver Wyman desvelaron unas necesidades adicionales de capital de más de 3.200 millones de euros para el Popular, las más altas entre los bancos que no han precisado hasta ahora de fondos públicos pero que tampoco son considerados como entidades "sanas". Un momento crucial para la historia del banco, el de elegir entre ser fiel a una filosofía que ha marcado sus casi 90 años de historia o hincar la rodilla ante la solución más fácil y dolorosa de pedir ayuda. La decisión final era la que se esperaba de alguien que ha desarrollado toda su carrera en este banco, que tiene asimilada su idiosincrasia como suya propia y que considera irrenunciable el principio básico de la independencia. Y, por ello, ha preferido arriesgar con una ampliación de capital cuyo resultado es difícil de prever, según los analistas, pero en la que Ron confía plenamente.

Pese a cursar los estudios de Derecho en la Universidad de su Santiago de Compostela de origen, Ron ha ido batiendo récords de precocidad en los cargos de máxima responsabilidad de la banca española. En 1995 fue el más joven de la entidad en ser nombrado director regional, en su caso, de Asturias y Cantabria, con 33 años. Con 36 se instala en la central de Madrid como director general de la red comercial, y en marzo de 2002, sin haber llegado a la cuarentena, se convierte en el consejero delegado más joven de los grandes bancos españoles. Un hecho que le hizo ser el referente de la llegada de una nueva generación de banqueros.

En los cuatro años como principal ejecutivo reforzó la confianza ya germinada tras su llegada a Madrid con los máximos responsables del Popular, los hermanos Javier y Luis Valls. La renuncia del primero y el fallecimiento del segundo le empujaron a la presidencia del consejo de administración en 2006. El delfín ya se había convertido en el más joven de entre todos los presidentes de los grandes bancos nacionales. Y todo tras incorporarse, con 22 años, para hacer una suplencia que debía haber durado tres meses, siguiendo así el camino de su padre, empleado en los orígenes del Banco Gallego.

Pese a lo fulgurante de su carrera y a sus más de seis años ya en la presidencia, quienes conocen su día a día siguen viendo al mismo Ángel Ron accesible, cordial y empático, y que pese a sus responsabilidades considera innegociable disfrutar de sus dos hijos y de su esposa, Pilar, también abogada -ella sí ejerce- y a la que conoció el último año en el colegio La Salle de Santiago. Tampoco ha cambiado su escasa afición por el deporte, pese a que la nueva sede de la entidad incorporó un pequeño gimnasio en su séptima planta para obligarle a ponerse las deportivas, como tampoco el insuficiente tiempo que puede dedicarle a la lectura, una de sus grandes aficiones, pese a tener siempre más de un libro sobre su mesilla de noche. Lo que no puede evitar es escaparse de vez en cuando al norte de España y refugiarse de las turbulencias del sector financiero en su Galicia natal.

Partidario de delegar entre los miembros de su equipo, de que cada uno tenga su cuota de responsabilidad en las decisiones que afectan al futuro del banco, y de la gestión ágil. Una manera de calar entre los empleados la cultura "Popular" que Ron absorbió desde sus primeras prácticas hasta llegar a la presidencia del banco, desde la que ahora se enfrenta al reto de preservar la salud del quinto grupo bancario más grande de España.