COLUMNA

La migración en tiempos de crisis

El primer ministro británico intentó anotarse algunos puntos políticos diciendo que podría restringir la inmigración de trabajadores griegos. Su homólogo portugués fue muy criticado al sugerir que los desempleados deberían desplazarse a lugares donde puedan encontrar trabajo. Los argumentos antiinmigración, ya sean realizados por David Cameron o por los críticos de Passos Coelho, deberían ser rechazados.

La migración económica tiene tres puntos. Primero, los migrantes generalmente están en mejores circunstancias en una nueva tierra. Segundo, los países de destino ganan en nuevos trabajadores productivos. Tercero, los países de origen quedan aliviados por esa gente que no podía encontrar un empleo remunerado. A los votantes pueden no gustarles los efectos culturales de la migración, y a los nuevos residentes les puede resultar duro encontrar su espacio, pero a lo largo de la historia la migración ha dejado, por lo general, más prosperidad.

En Europa, las políticas antiinmigración son un disparate peligroso. El compromiso de permitir la libre circulación es básico para el proyecto europeo. El Pasok griego tiene razón al quejarse de las declaraciones de Cameron. Para Europa, la migración interna ha funcionado muy bien. Las desventajas de la fricción étnica y los costes de los beneficios sociales están compensados por el menor paro y la fortaleza de los lazos transfronterizos.

Los británicos deberían sentirse halagados de que tantos extranjeros quieran unirse a su economía. Los griegos deberían ser mejor bienvenidos que la mayoría. Mientras la cultura económica británica tiene problemas profundos, la diáspora griega ha encontrado éxito en todo el mundo. La emigración creciente proporciona un impulso para las reformas estructurales. Portugal tiene demasiados impedimentos culturales y legales para crear nuevos negocios y trabajos.

Si las naciones siguen rígidas, Europa en su conjunto llevará la migración interna hacia una reforma estructural.

Por Edward Hadas