El foco

España, a contracorriente

La crisis que asuela Europa y los desaciertos que han reducido a mínimos la credibilidad de España solo pueden superarse con un cambio de política económica. El autor reflexiona sobre las opciones y las dificultades.

Como era previsible, la intervención de Bankia precipitaría una dinámica caótica difícil de controlar. Lo mismo sucedió en 2008 cuando EE UU nacionalizó Fannie Mae y Freddy Mac, con un balance del 30% del PIB de EE UU lo mismo que Bankia para España. Los inversores huyeron en manada a protegerse en la deuda, los mercados se secaron y las entidades con mayores problemas, Lehman y Merryll, cayeron. A Merryll le salvó la campana y fue absorbida por Bank of America que sigue haciendo la digestión y ya veremos si lo consigue. Lehman inició un proceso de quiebra que provocó el caos y la mayor recesión mundial de los últimos 80 años. Ahora, el acceso ilimitado a la liquidez del BCE ha evitado una crisis bancaria sistémica pero no resuelve la financiación de los Estados, ni que los bancos se desangren en Bolsa y coticen a precios que recuerdan lamentablemente a 2008. Hasta ahora Grecia atraía todos los focos de atención mundial pero la intervención de Bankia ha desviado toda la atención sobre nuestra querida España y apenas hay hueco en los medios internacionales para otros asuntos no domésticos.

Esto era precisamente lo que se debería haber evitado pero lamentablemente hemos sido los españoles solitos los que hemos conseguido ser los protagonistas de este culebrón que es el crisis del euro. Primero aflorando déficit sin presentar un plan para corregir la desviación hasta varios meses más tarde. Luego reconociendo 50.000 millones de nuevas pérdidas en nuestro sistema sin haber presentado aún un plan de recapitalización con dinero público con las suficientes garantías para tranquilizar a los inversores. La credibilidad de España SA se encuentra en sus mínimos históricos y por eso hay fuga de capitales y aumento de la prima de riesgo. En esta situación los manuales recomiendan, i) mantener la calma, ii) diagnóstico realista y iii) una política económica que permita recuperar la confianza de los inversores sobre la sostenibilidad de nuestra deuda, sobre todo privada y bancaria.

El principal enemigo de la economía española es la recesión y nuestra política económica nos lleva a la depresión. El problema es que la política monetaria se hace en Fráncfort y la fiscal está muy condicionada por Bruselas al incumplir el compromiso de déficit del 3%. Por esta razón, la coordinación del eje Madrid-Bruselas-Fráncfort debería ser muy fluida y la sensación es que hay un grave problema de teléfono roto e incompatibilidad de caracteres.

Ayer la Comisión Europea ha hecho un gesto para favorecer la negociación pero como siempre en Europa demasiado tarde y demasiado poco. Proponen retrasar un año el déficit hasta 2014 siempre que el Gobierno presente un presupuesto plurianual con medidas concretas. Esto supondría conseguir las exigencias de un programa de intervención pero sin necesidad de estigmatizar al país y provocar una huida en manada de los inversores internacionales. Además, hay que revisar el objetivo de déficit hasta el 6,5% en 2012 sin tener en cuenta las ayudas públicas a los bancos que se vayan contabilizar cómo déficit. Esto exigirá subir el IVA y bajar los sueldos a los funcionarios en España este mes de julio. El estímulo debería venir de fuera por las inversiones del Banco Europeo de Inversiones y estímulos en los países con margen fiscal, básicamente Alemania. La única posibilidad de España para crecer son las exportaciones y no será posible si nuestros socios no salen de la recesión y se reactiva su demanda interna.

La política monetaria en la eurozona es desastrosa y es difícil imaginar como se podría hacer peor. La intervención del BCE siempre ha sido sustitutiva a los mercados privados y exclusiva. La estrategia de la Fed y el Banco de Inglaterra es inclusiva ya que las compras directas de bonos ayudan a estabilizar los mercados y permiten que los flujos privados salgan del refugio y vuelvan a asumir riesgos. La excusa de que se lo prohíben los estatutos es simplemente patética ya que llevan dos años comprando y siempre han puesto en los comunicados que los estatutos se lo permitían. El problema del BCE es el cáncer europeo; demasiado tarde y demasiado poco. Además deberían bajar los tipos a cero y penalizar la facilidad de depósito para sacar el dinero del refugio.

Es necesario recapitalizar el sistema bancario, no solo el español. Para España este tema es prioritario y lamentablemente no hay mucho margen de maniobra. El fondo de ayuda solo presta a los Estados y no puede prestar directamente a los bancos. La Comisión retoma hoy una propuesta para permitirlo que ya presentó el anterior Gobierno español en la cumbre del pasado julio. Por no hacernos falsas esperanzas, la propuesta española tuvo el rechazo frontal de Alemania y no consiguió el apoyo explícito de ningún país. Por lo tanto, estamos hablando de un proyecto de coordinación de resolución de crisis bancarias que sería la primera piedra de una futura unión bancaria europea. Una excelente señal para los inversores sobre el avance del proyecto europeo pero de nuevo demasiado tarde y demasiado poco.

Pero el cum laude del demasiado poco y demasiado tarde es Grexit. La sociedad griega ha dicho basta y aunque mayoritariamente quieren seguir en el euro, si la troika no acepta renegociar las condiciones el 50% preferiría volver al dracma. Los griegos odian a la troika, especialmente a los alemanes, y desconfían de sus planes y promesas incumplidas en los dos últimos años que lejos de resolver sus problemas les han condenado a la depresión. La troika desconfía de los griegos, con razón, ya que han mentido sistemáticamente desde que entraron en el euro. Grecia necesita otra reestructuración, retrasar dos años el pago de intereses de la deuda, parar el ajuste fiscal y un Plan Marshall con financiación europea para crecer. Además deberían seguir con reformas, especialmente fiscal y de eficiencia en el sector público.

Este artículo es un ejemplo de que hay mucho margen de maniobra para evitar el desastre al que nos dirigimos y que será peor incluso que la quiebra de Lehman. El problema es que los condicionales tienden a infinito y todas las partes están atrapadas en su discurso y nadie quiere reconocer los errores cometidos, condición necesaria para cambiar la política económica que nos lleva a la depresión. Personalmente llevo dos años confiando en ver indicios de vida inteligente en Europa pero ya he perdido la esperanza. El escenario central es que se actuará demasiado tarde y si es demasiado poco que Dios nos asista. Nunca en mi vida he deseado tanto equivocarme.