EDITORIAL

Apurar el nuevo mapa financiero

Unnim, la alianza integrada por Caixa Sabadell, Caixa Terrassa y Caixa Manlleu, ha sido adjudicada por un simbólico euro al grupo BBVA en la segunda ronda de la subasta de la entidad catalana. La operación implica que el Fondo de Garantía de Depósitos devolverá al FROB los 953 millones de euros que inyectó para recapitalizar la alianza y cubrirá las pérdidas futuras del grupo catalán hasta un total de 900 millones. La decisión del Banco de España en favor de BBVA supone un paso adelante del grupo dentro del sudoku de la reorganización del mapa financiero español y coloca la pelota en el tejado de Santander y CaixaBank de cara a futuros movimientos corporativos.

Con esta adjudicación, el Banco de España finaliza la cuarta subasta de una entidad financiera desde que se desencadenó la crisis, tras las de CCM, Cajasur y Caja Mediterráneo (CAM). Todas ellas constituyen etapas importantes de una hoja de ruta cuyo espíritu es correcto, pero cuyos tiempos probablemente son mejorables. Pese al indudable esfuerzo que supone completar esta ambiciosa reforma financiera en los plazos ya marcados por el Gobierno, existen dos grandes razones que hacen aconsejable aligerar en lo posible el proceso. La primera es la sombra que proyecta sobre el futuro de España una economía paralizada en la recesión y necesitada de amplias dosis de combustible -en forma de un mercado de crédito normalizado- para comenzar a crecer. La segunda se refiere al hecho de que cuanto más se prolongue el proceso de reestructuración financiera más se deteriorará la situación de cada una de las entidades que lo integran.

De ambos motivos son conscientes los grandes bancos, como protagonistas activos en la creación del mapa financiero que saldrá de esta crisis. Desde el sector se apunta -y con cierta razón- a que el actual procedimiento de subasta resulta lento y se sostiene que incluso el proceso de fusiones en marcha podría ser insuficiente para solucionar el problema de solvencia del sistema, lo que haría necesario impulsar una nueva ronda de operaciones corporativas. Como posible solución, las grandes entidades barajan la posibilidad de que la reestructuración financiera se articule a través de subastas simultáneas, lo que implicaría poner sobre la palestra al mismo tiempo a todas aquellas débiles y nacionalizadas para que cada uno de los grupos bancarios realice su oferta. El esfuerzo que ello supone es importante, pero las perspectivas económicas que afronta España hacen obligado despejar cuanto antes las dudas sobre la viabilidad del sistema financiero y abrir la puerta a la normalización de un mercado de crédito cuya fluidez es la savia de cualquier crecimiento económico.