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Novedades y algunas incógnitas

Día 31 de enero. El ministro de Educación, José Ignacio Wert, entra sonriente en el Congreso, saluda, recibe algunos aplausos y se sienta para iniciar su primera comparecencia ante la Comisión de Educación y Deporte de la Cámara baja. Está a punto de anunciar un cambio de calado en la actual estructura de la enseñanza que se imparte en los institutos. Seguirá durando seis años, sí, pero ya no serán cuatro cursos de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y dos de bachillerato, sino tres de ESO y otros tantos de bachillerato, el primero de los cuales será obligatorio (la escolarización hasta los 16 años continúa siendo preceptiva) y orientará, bien hacia la continuación del bachillerato, bien hacia una formación profesional (FP) de grado medio.

Pasar de un 4+2 a un 3+3 ofrece "importantes ventajas", en opinión del ministro, porque se adelanta un año la posibilidad de optar entre las enseñanzas de carácter general y las de carácter profesional. El sistema gana flexibilidad y capacidad de adaptarse a los intereses de los alumnos. Además de permitir que los estudiantes salgan del bachillerato o de la FP con una mejor preparación, similar a la de los jóvenes de otros países europeos.

Esta nueva estructura facilitará una segunda gran transformación, la de la formación profesional, según el ministro. El ejemplo a seguir es el modelo de FP dual alemán, el referente internacional por su eficiencia, que combina estudio en las aulas con trabajo remunerado en las empresas. "El hecho de aprender trabajando en las propias empresas aumenta la empleabilidad de los alumnos y se convierte en una alternativa atractiva para quienes desean acceder al mundo laboral más tempranamente, promoviendo, al tiempo, el espíritu emprendedor y el autoempleo", apostilló. Días después, en su primer Consejo de Ministros de Educación de la UE en Bruselas, rebajaba el entusiasmo y reconocía que su traslación a España "presenta algunas dificultades", pero confiaba en que "con el apoyo de las instituciones europeas, y, en concreto, de la Comisión, encontremos vías para llevarlo a cabo".

En el Congreso, José Ignacio Wert había anunciado la sustitución de la asignatura de educación para la ciudadanía -"Creó una seria división en la sociedad y el mundo educativo porque (...) iba más allá de lo que debería corresponder a una verdadera formación cívica", según afirmó- por una nueva de educación cívica y constitucional. "Su temario está libre de cuestiones controvertidas y susceptibles de adoctrinamiento ideológico", describió. Dijo que el modelo actual de formación del profesorado iba a cambiar para mejorar su calidad, que los centros tendrían mayor autonomía, pero habrían de rendir cuentas, y que el alumnado pasaría una prueba externa, tipo PISA, a final de cada etapa.

Y a continuación abordó el bilingüismo español-inglés. Aprenderlo es, recalcó, "tan básico y necesario como aprender matemáticas o lengua". Tiró de estadísticas para recordar que España es el cuarto país de la UE en el que menos adultos hablan idiomas, por detrás de Rumanía, Hungría y Portugal. "Y, sin embargo, el porcentaje de alumnos españoles de secundaria que estudian inglés, el 95%, es igual a la media europea", añadió. "Vamos a mejorar su enseñanza desde el segundo ciclo de educación infantil y hasta el bachillerato, sustituyendo el viejo enfoque de estudiar inglés para pasar a estudiar en inglés", avanzó.

La FP quedaría incluida en esta apuesta. Ya hay comunidades autónomas (como la madrileña y la andaluza, por nombrar solo dos) con programas piloto de enseñanza bilingüe. El ministro adelantó que se reuniría con todas, "a fin de acordar una definición común de lo que entendemos por bilingüismo" y sentar las bases para aprobar el Plan de Bilingüismo a finales de 2012, para su implantación a partir del curso 2013-2014.

No es que concretara mucho, pero fue uno de sus pocos aterrizajes. Otros temas los sobrevoló a mucha mayor altura. Refiriéndose a las TIC, por ejemplo, aludió de nuevo a autonomías que habían desarrollado instrumentos eficaces para el aprendizaje online; y otras que habían emprendido pruebas piloto para la descarga de contenidos educativos a través de la Red. "Nos parece una línea a seguir", concluyó. Pero, ¿pervivirá el modelo de un ordenador portátil por alumno?, ¿imperará la idea de pizarras digitales interactivas en todas las aulas?, ¿qué pasa con el programa Escuela 2.0. de integración de las TIC en los centros educativos, en teoría, aún vigente? "Se está trabajando en el sistema educativo de los próximos meses, no podemos concretar", se disculpan desde Educación cuando se les pregunta por el cómo y el cuándo de sus anuncios.

El discurso de Wert está plagado de referencias a la calidad, la excelencia y la cultura del esfuerzo. De hecho, ya ha avanzado la formulación de una Estrategia Nacional de Calidad. "Estoy convencido de que el primer cambio que necesita la educación española es de mentalidad. Hay que abandonar la cultura del acomodo y la mediocridad. Es indispensable que en la escuela se vuelvan a promover valores como el esfuerzo, el mérito, la satisfacción por el trabajo bien hecho, la autoexigencia, la responsabilidad o el respeto a la figura del profesor", sentenció ante los diputados. Pero el ministro se escurre cuando se le pregunta por el modus operandi. Por ejemplo, ¿podrían fraguar para todo el territorio nacional los bachilleratos de excelencia (exclusivo para los mejores expedientes), al estilo del que ya funciona en la Comunidad de Madrid? Por ahora no hay respuesta.

Un 26% de los jóvenes ni siquiera llegan a concluir la escolarización obligatoria; un 28,4% abandona los estudios tras la ESO, el doble de la media europea; España se quedó en el puesto 26º de 34 países evaluados en el Informe PISA 2009; prácticamente la mitad de sus menores de 25 años están en el paro (48,56%) y, de ellos, casi el 60% no han superado la primera etapa de la secundaria. Por todo ello, Wert defiende la necesidad de reformas.

Lo que parece que por ahora no se toca es el acceso a la Universidad, que ya sufrió variaciones en el curso 2010-2011: los alumnos de bachillerato y de FP de grado superior compiten en igualdad; está más orientada al grado concreto que cada cual quiera cursar; la máxima nota ya no es 10, sino 14, con los cuatro puntos extra que se pueden obtener haciendo exámenes voluntarios.