Análisis

Draghi, encantado de haberse conocido

El BCE disfruta del éxito de las medidas que ha adoptado desde que se renovó la presidencia.

Un italiano en la Eurotower
Un italiano en la Eurotower

Jean-Claude Trichet subió los tipos de interés cuando Europa enfilaba la recesión (dos veces, justo antes de que quebrara Lehman y en el aciago verano que acaba de pasar, ese en el que se incendiaron las primas de riesgo española e italiana) y sus medidas no convencionales para la banca poco hicieron para sacar al enfermo del coma. Su sucesor, en cambio, está feliz consigo mismo.

El nuevo presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, llegó a la tarea con el muerto en el armario que le había dejado Trichet: afrontar un movimiento en los tipos que él prefirió no hacer.

Draghi no lo dudó. Bajó los tipos en su primera reunión como capitán del rector monetario europeo y también lo hizo en la segunda. Y fue más allá. Trichet había iniciado una senda de medidas no convencionales que Draghi llevó a su máxima expresión. Es cierto que mantuvo su recelo a la compra de deuda soberana de los países con problemas; que insistió, por mucho que se aferrara a los estatutos del supervisor, en que el BCE nunca sería el prestamista único de los Gobiernos. Pero no dudó en encontrar un camino intermedio para conseguir un objetivo parecido al de esta medida, y sin despertar las iras alemanas.

El presidente del BCE se sacó de la manga subastas de liquidez a la banca a tres años, con una rebaja de las garantías que las instituciones debían aportar para lograr este dinero y con todas las facilidades del mundo para que los bancos que ya tenían dinero comunitario a un plazo más corto pudieran pasarlo a la nueva barra libre.

Hoy era un hombre satisfecho. Tan parco y falto de expresividad como acostumbra, el presidente del BCE no pudo evitar hacer un repaso de la situación europea donde incluyó, por primera vez, buenas noticias. Los riesgos para la economía acechan, el mercado interbancario sigue en la UVI y las incertidumbres son grandes, pero ahí están unos primeros indicadores que permiten atisbar (nunca asegurar o confiar en ello) una estabilización de la economía, aunque sea a un nivel bajo, remarcó.

Pero el verdadero éxito está en la subasta de liquidez a la banca a tres años. Ha evitado, nada menos, "lo que podría haber sido una increíble restricción de la financiación", ha dicho, porque en el primer trimestre de este año vencen 200.000 millones de deuda. Además, se ha visto una relajación en la rentabilidad de la deuda soberana, "primero en los plazos más cortos y ahora en el medio y largo plazo", ha remarcado. Nada de que los fondos que cogen los bancos vuelven a la caja fuerte del BCE. "No son las mismas entidades. El dinero está fluyendo en la economía".

Draghi ha evitado hacer una causa-efecto demasiado directa. No ha afirmado que los bancos hayan sacado dinero del BCE a un bajo tipo de interés para comprar bonos soberanos a una rentabilidad más alta, hacer negocio y, de paso, sofocar algo del incendio de la crisis de deuda europea. Pero ahí está la consecuencia y él no la ha escondido.

Y para los que ven una señal del riesgo al que se enfrenta Europa y el euro en el crecimiento del balance del BCE, lleno de las garantías cada vez más laxas de la banca comunitaria, Draghi tiene una respuesta: "El peligro está controlado. No habríamos tomado la decisión de relajar los colaterales si no estuviéramos seguros de que podemos manejar el riesgo". El futuro será lo que tenga que ser, pero en el presente, Draghi está radiante.