Crisis de deuda

El G-20 coloca a Italia bajo la supervisión fiscal del FMI

La tercera economía de la zona euro se queda al borde del rescate tras una cumbre que reconoce los ajustes realizados por España.

La borrasca de la crisis azota Italia
La borrasca de la crisis azota Italia

La semana negra (otra más) de la zona euro concluyó el viernes con la humillación sufrida por Italia, una de las potencias mundiales que se sientan en el G-8 y que desde este mes rendirá cuentas trimestrales al Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la evolución de su ajuste presupuestario. La libertad fiscal vigilada para el Gobierno de Silvio Berlusconi figura entre los principales acuerdos alcanzados en la cumbre del G-20 en Cannes.

Para José Luis Rodríguez Zapatero, en cambio, su última aparición en el foro de los países desarrollados y emergentes terminó con un inesperado reconocimiento a los esfuerzos de consolidación del Gobierno español, al que no se exigieron nuevas medidas ni se le puso en la diana junto a Italia. "España es el país de ese grupo de periféricos en el que se nos ha encasillado que ha tenido la capacidad de funcionar, de mantener la solvencia y la credibilidad", señaló Zapatero al término del G-20.

La cita de Cannes estuvo dominada durante sus dos jornadas (3 y 4 de noviembre) por los últimos capítulos de una crisis de la deuda soberana que en los últimos siete días ha alcanzado nuevas cotas de tensión y drama, pero también de farsa y hasta de bufonada.

Las últimas entregas del serial dejan a dos gobiernos, los de Berlusconi y el primer ministro griego, Yorgos Papandreu, a un paso de la dimisión; al fondo de rescate de la zona euro al borde de su propio rescate; y al FMI como reina y señora, encarnada por su directora gerente Christine Lagarde, de una zona euro desbordada e incapaz de explicar a sus socios una trama de 18 meses cada vez más enrevesada.

El presidente de EE UU, Barack Obama, no pudo contener su sarcasmo tras ser testigo durante dos días de las idas y venidas de los líderes europeos para desactivar un inesperado referéndum en Grecia, un inminente descalabro fiscal en Italia y una desesperada e infructuosa búsqueda de inversores para el fondo de rescate o Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (FEEF). "En Europa hay muchas instituciones... muchas reuniones...", ironizó Obama durante la rueda de prensa posterior al G-20. "Intentar coordinarse es muy laborioso y lleva tiempo, (....) pero confío en que los líderes europeos lo lograrán porque son conscientes de lo que está en juego".

"Ya hemos dicho que haremos todo lo que haga falta para defender el euro", enfatizó el presidente francés y anfitrión de la cumbre, Nicolas Sarkozy, al término de unas reuniones que había planteado como parte de su plan para "reinventar el capitalismo" y que acabaron convirtiéndose en un gabinete de crisis para evitar la desintegración de la moneda única. "La explosión del euro sería la explosión de Europa", señaló el francés. Y descartó tajante esa posibilidad porque "ni los especuladores ni nadie van a tener la última palabra en esta crisis".

La penúltima palabra, de momento, la tendrá el FMI, que tras disfrutar un papel protagonista en los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal, asumió también el viernes la misión de "monitorizar" la evolución del déficit público en Italia y las medidas que adopta Berlusconi para rebajar el coste del sistema de pensiones italiano, flexibilizar su mercado laboral y reformar la estructura judicial.

El primer ministro italiano minimizó ese control como una "mera auditoría", negó que Italia esté en crisis y describió las dudas sobre el bono italiano como "una moda pasajera". Pero las señales de un posible rescate de Italia llegaron hasta el punto de que Berlusconi aseguró que "el FMI nos ha ofrecido ayuda pero lo hemos rechazado".

Lagarde no confirmó esa oferta. Pero la llegada de sus expertos a Roma (prevista para finales de este mes) delata el creciente riesgo de que Italia se convierta en el primer gran país europeo que pide ayuda al FMI desde 1976. Entonces fue el Reino Unido el que necesitó 3.900 millones de dólares, el mayor préstamo concedido hasta ese momento por el organismo multilateral.

El rescate del fondo

La delicada situación de Italia obligó a la zona euro a redoblar en Cannes su ofensiva para atraer la inversión de los países emergentes hacia su propio fondo de rescate. Pero la canciller alemana, Angela Merkel, reconoció que casi ningún país del G-20 se había mostrado dispuesto a colaborar. Tanto la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, como el presidente chino, Hu Jintao, descartaron implicarse de manera directa en el apalancamiento de la FEEF, con el que se pretendía llegar a un billón de euros, como mínimo, desde los 440.000 millones actuales. Ese rechazo pone en duda la propia utilidad de un fondo que no dispone de recursos suficientes para rescatar a un cliente de la talla de Italia y que esta semana ya ha tenido que cancelar una emisión ante la previsible falta de demanda. Desde su puesta en marcha, solo ha logrado emitir 13.000 millones de euros.

A la vista de la imposibilidad de desarrollar un fondo de rescate propio, la zona euro impulsó una propuesta del G-20 para ampliar los recursos del FMI y establecer una nueva línea de crédito "para casos de emergencia". El objetivo sería pasar de los 391.000 millones de dólares de capacidad de financiación actual hasta casi 900.000 millones, aunque finalmente no hubo acuerdo para poner una cifra concreta. Pero ni siquiera ese cortafuegos estará listo en breve, porque el G-20 trasladó a febrero el debate sobre cómo dotar al FMI de más recursos. Hasta entonces, como mínimo, la zona euro tendrá que apañarse por sí misma.

El G-20 de la impotencia

Incluso Nicolas Sarkozy tuvo que reconocer al final del G-20 su frustración por la interferencia de la crisis de deuda (Grecia e Italia) en una cita que pensaba dedicar por completo a la reforma del sector financiero, a la revisión del sistema monetario internacional o a tejer un plan de impulso al crecimiento. Con todo, el presidente francés hizo una vibrante presentación de los resultados, con buena parte de clave interna (afronta una difícil revalida electoral el año que viene) y muy satisfecho de poder codearse y fotografiarse con la figura de Barack Obama.

Carencias

La cita reveló el escaso margen presupuestario de los países desarrollados para estimular la economía, la renuencia de los emergentes a asumir el coste de una crisis que no provocaron, y la división transatlántica en materia de regulación financiera.

Plan de empleo

A falta de recursos fiscales para anunciar multimillonarias inversiones como en 2009, el G-20 aprobó un plan de crecimiento y empleo sin grandes cifras y basado en la reactivación de la demanda en China y Alemania, países que fueron nombrados expresamente en el comunicado.

Paraísos fiscales

El G-20 actualizó la lista de paraísos fiscales, en la que ya solo quedan 11 países o territorios frente a las decenas que se identificaron hace dos años. Suiza continúa figurando en ese listado, entre los países que no han adoptado las medidas de transparencia bancaria exigidas.

Banca opaca

En Cannes se ha impulsado el control de la llamada "banca en la sombra", entidades de intermediación financiera que gestionan activos por valor de 60.000 millones de dólares, pero que no están sometidas a la regulación del sector. Nuevas normas obligarán a registrar esas actividades en el balance, se vigilarán más estrechamente los mercados monetarios y se exigirá la conservación de una pare del riesgo en las operaciones de titulización.

CDS y derivados

El G-20 respalda las normas sobre transparencia y provisiones de capital que se están adoptando (en la UE, por ejemplo) para la negociación de derivados. En Cannes también se ha puesto el foco en los mercados de CDS (credit default swaps) o seguros de impago, en particular, en los que afectan a títulos de deuda soberana. Se trabajará sobre un sistema mundial de identificación de las partes que operan en ese opaco mercado.

Gendarme global

El Consejo de Estabilidad Financiera, presidido hasta el viernes por Mario Draghi, se consolida como el organismo de vigilancia financiera mundial. El nuevo presidente, Philipp Hildebrand, dirigirá ya un organismo con personalidad jurídica propia y mayor dotación presupuestaria, según el acuerdo alcanzado en Cannes.

Tasa Tobin

"Hasta hace poco solo hablaban de ellas las ONG. Ahora se discute en la mesa de los jefes de Estado". Palabras de Sarkozy tras lograr, con muchas dificultades, que la tasa a las transacciones financieras apareciese mencionada en las conclusiones de Cannes. El anfitrión aseguró que la UE ya cuenta con el apoyo cauto de países como Brasil y Argentina para estudiar esa iniciativa. "El debate avanza hasta el punto de que ya se discute a qué destinarla".