Tendecias

Egipto, una alternativa energética para Europa

Los científicos llaman a la cooperación tecnológica entre el norte de África y el Viejo Continente, que podría abastecer hasta el 20% de su demanda en 2050.

No se le escapa a Europa que el sol de los países de Oriente Próximo y del norte de África está entre los mejores del planeta, por sus enormes extensiones de desierto. Compañías españolas como Abengoa Solar ya están presentes en Marruecos, pero la gran tarta para escapar de la dependencia de los combustibles fósiles es el megaproyecto Desertec, un consorcio de 12 compañías europeas espoleadas por Alemania para abastecer el continente europeo de energía solar procedente de los países del norte de África con una inversión que roza la friolera de los 400.000 millones de euros en 40 años.

Las revueltas sociales en estos países habrían aparcado la iniciativa, pero los científicos y expertos ven en el embrión democrático y de modernización del norte de África una oportunidad de oro para nutrir una alianza tecnológica entre ambas regiones que favorecería a las dos: Europa podría abastecer hasta el 20% de energía solar procedente de estos países en el horizonte de 2050, y Oriente Próximo aceleraría su carrera hacia tecnologías energéticas más verdes, imprescindibles para responder a su creciente demanda de servicios energéticos por el progreso de su economía.

"En estos tiempos de cambio democrático y de modernización de los países árabes, es más importante que nunca que Europa ofrezca a los países del norte de África y de Oriente Próximo una alianza a largo plazo por su propio interés y el de la política del arco mediterráneo", explica el científico alemán Frank Lehner, del centro Solar Energy for Science, en la publicación científica Scidev.net.

"Desertec es más que un proyecto inversor", según ha explicado en este diario Luis Alberto Solá, director general de Schott Solar, líder en la fabricación del tubo receptor que hace posible la generación de energía solar, miembro de Desertec. "Se trata de nutrir a Europa de renovables de manera unidireccional, ya que se prevé que la demanda eléctrica sea mucho mayor en este continente que en el norte de África. Pero estas tecnologías tienen que venderse de forma correcta a estos países, no considerarse solo como una inversión industrial para exportar energía, sino que también tienen que servir para transferir tecnología", añadía Solá.

Egipto, por ejemplo, se ha propuesto alcanzar el 20% de energías renovables en 2020, pero su tejido tecnológico y científico aún no está preparado para asumir el reto. El potencial está ahí, pero necesita el empujón de los países industrializados. La radiación solar del norte de África y de Oriente Próximo se estima en 2.400 kilovatios por metro cuadrado, lo que permitiría "generar hasta 250 gigavatios de energía por hora y kilómetro cuadrado de desierto. Esta capacidad supera con mucho a otras fuentes renovables como biomasa, energía eólica o geotérmica", según Lehner.

El rápido avance de la tecnología de la mano de compañías europeas abaratará el coste de las energías limpias, en concreto de la solar térmica. España y Estados Unidos lideran la tecnología de centrales termosolares, ya madura y con un potencial de ahorro de costes muy prometedor. La primera planta de estas características en los países del norte de África y de Oriente Próximo acaba de entrar en funcionamiento en Kuraymat, en Egipto, con una potencia instalada de 20 megavatios.

El escenario más optimista que barajan los científicos es que, de alcanzar los 100 megavatios de potencia instalada en 2025, los costes de esta tecnología se reducirían un 50% y serían competitivos respecto al petróleo y al gas.

Gigantes como ABB, Abengoa Solar, Cevital, Deutsche Bank, Eon, HSH Nordbank, Man Solar Millenium, Munich Re, M+W Zander, RWE, Schott Solar y Siemens firmaron en 2010 un acuerdo de principios para lanzarse a la conquista del sol del norte de África, canalizando la energía con cables submarinos bajo el Mediterráneo. El principal problema de semejante objetivo es la precariedad de las redes de transmisión de esta región, que ya están teniendo problemas para dar cabida a la creciente oferta de electricidad de los nuevos parques solares y eólicos que van surgiendo en el paisaje desértico.

Otro fleco importante por atar, y más ahora tras las revueltas sociales que han dejado a estos países en una transición política inestable, es el marco legal, porque será necesario fijar unas reglas jurídicas viables y compatibles a ambos lados del Mediterráneo. Los primeros en aclarar su marco normativo tendrán que ser los europeos, "porque cada Estado tiene su propio operador energético y su propio organismo que regula las conexiones, o puede incluso tener varios", según ha explica Luis Alberto Solá. En definitiva, aunque sus promotores auguren placas solares en el desierto africano en 2016 con producción dirigida hacia Europa, quizá haya que esperar hasta la próxima década.

La red Desertec se complica, además, porque prevé ir más allá de la energía solar y desarrollar parques eólicos, centrales hidroeléctricas, instalaciones de biomasa y geotermia. Con el megaproyecto no se apaga el viejo debate sobre la dependencia energética de Europa de otros países. Si la Unión Europea pretende alcanzar el 20% de renovables en 2020 es, precisamente, para limar el abastecimiento procedente de otros países, y una de sus principales ventajas es que puede generarse de forma local, eliminando los grandes centros de producción o el transporte desde otros países.

Las cifras

20% de energías de origen reno-vable quiere tener Egipto en 2020, igual que la UE.

400.000 millones de euros en 40 años prevé movilizar el megaproyecto Desertec, ahora aparcado por las revueltas árabes.

2025 es el plazo que los expertos confían a la paridad de precios entre la solar y los combustibles fósiles por el rápido desarrollo tecnológico.

Recuperar más rayos de sol

Para que la solar se haga un hueco cada vez mayor en el futuro de las renovables, necesita sobre todo abaratar sus costes, y en esa carrera, los avances tecnológicos serán cruciales. Los expertos tienen puestas muchas expectativas en la tecnología termosolar, porque ofrece mayor estabilidad, al combinar la radiación solar con el gas.

La capacidad de captación de los rayos de sol de los tubos receptores en este tipo de instalaciones es un criterio decisivo para la competitividad de esta tecnología. La compañía Schott Solar ha creado un nuevo tubo que incrementa el grado de absorción de la radiación solar hasta más del 95,5%, al tiempo que mejora la rentabilidad de la central termosolar por la mayor duración de los tubos.

Para mantener en un nivel mínimo las pérdidas de calor, incluso después de muchos años de servicio, Schott Solar está apostando por el uso de cápsulas de gas noble para acompañar su tecnología. Estas cápsulas se integran en la zona de vacío de los tubos receptores y pueden abrirse en cualquier momento. La ventaja del gas es que reduce las pérdidas de calor y eleva el rendimiento de los tubos.

De cumplirse los pronósticos de los expertos, la tecnología de central termosolar podría abaratarse hasta un 50% en el horizonte de 2025, si para ese año se hubieran instalado 100 megavatios de potencia. La electricidad procedente de estas plantas es "especialmente valiosa porque garantiza la estabilidad en la red", explica la empresa Schott Solar en una nota dedicada a esta tecnología.

También las constructoras en Desertec

La reconversión del negocio de las compañías constructoras españolas hacia el negocio ambiental también se está reflejando en el proyecto Desertec. El gigante FCC figura desde noviembre de 2010 en el consorcio de empresas que apuestan por llevar electricidad desde la otra orilla sur del Mediterráneo hacia los países europeos.

La empresa entró en este consorcio de la mano de su división FCC Energía, orientada desde su nacimiento hacia las energías limpias. La colaboración de esta empresa con el proyecto que pretende movilizar hasta 400.000 millones de euros en los próximos años es en calidad de socia, por debajo de accionista, la misma en la que figuran otros 17 colaboradores.

En una primera fase, Desertec tiene previsto alimentar con energía solar los países del norte de África y Oriente Próximo con mayor demanda, para empezar a nutrir a Europa a partir de 2020, arrancando por España e Italia. El calendario del colosal proyecto se habría visto trastocado por las revueltas en los países árabes, aunque los científicos recomiendan aprovechar el tirón democrático de esta región para tender puentes entre la tecnología europea y el crecimiento de la demanda de estos países.