Los analistas ya no descartan la doble recesión

Peligro: previsiones a la baja

La crisis no cede. El deterioro de las cuentas públicas en Europa y la debilidad económica de Estados Unidos dibujan un panorama deprimente en el que la posibilidad de una doble recesión ya no es descartada por los expertos.

Previsiones mundiales a la baja
Previsiones mundiales a la baja

Suenan todas las alarmas. Dos años después de que el grueso de los países avanzados lograra dejar atrás la peor recesión en ocho décadas, hoy casi ningún analista se atreve a descartar la recaída en los números rojos. El riesgo del 'double dip recession', o salida de la crisis en W, se palpa en el nerviosismo registrado por los mercados durante las últimas semanas.

En esta última se ha producido un cambio notable: en su rueda de prensa mensual, el presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, ha abandonado el lenguaje alcista respecto a los tipos, y ha admitido que los riesgos para el crecimiento son a la baja. No en vano, el BCE ha realizado un recorte de sus previsiones de PIB para la zona euro: este año, el alza quedaría alrededor del 1,6%, cuando en junio apostaba por un 1,9%. Para 2012, la previsión media se rebaja al 1,3%, cuatro décimas menos que en junio.

Las causas del recorte esgrimidas desde Fráncfort son bien conocidas: estancamiento económico internacional, desastre de Fukushima, alza del precio del petróleo... pero, sobre todo, recrudecimiento de las tensiones en los mercados financieros. Los acontecimientos de agosto respecto a la deuda europea recuerdan peligrosamente a los de cuatro años antes en el mercado inmobiliario de EE UU, que supusieron el pistoletazo de salida a la crisis financiera global. Queda por ver el desarrollo posterior, pero el multimillonario inversor George Soros ya ha advertido de que la crisis de deuda europea es potencialmente más peligrosa que la bancarrota de Lehman Brothers que puso en jaque a la economía global en septiembre de 2008.

Pero no solo Francfort apuesta a la baja. También lo hacen los mercados (después de la debacle de agosto, la última semana ha sumado una nueva tanda de "jornadas negras"), y el grueso de los organismos internacionales. La última en mover ficha ha sido la OCDE, que agrupa a la treintena de países más desarrollados. Su outlook de septiembre incluye frases categóricas: "La recuperación se ha paralizado", "la actividad se ha debilitado", "la confianza de las empresas y los consumidores se ha deteriorado al compás de los datos económicos"...

El organismo advierte de que los actores económicos temen que la munición política frente a la crisis se está agotando, y dibuja un panorama de previsiones consecuente: en el último trimestre del año, Estados Unidos crecería apenas cuatro décimas, frente a casi un 3% previsto en mayo; más grave aún es el caso de Alemania, que de crecer por encima del 2% pasaría a una caída de PIB del 1,5%.

España, entre los países más castigados

Las cosas no pintan mucho mejor peor para España, el alumno rezagado en la clase de los ricos. La muy tímida recuperación económica del último año, que no ha servido siquiera para acabar con la destrucción de empleo, se ha apoyado íntegramente en el exterior, vía exportaciones. Pero el nuevo frenazo de la actividad de la zona euro y Estados Unidos amenaza con suprimir esa vía de escape, mientras el consumo interno languidece por el desempleo y la inversión y el gasto público son víctimas del ajuste fiscal. El resultado es impredecible, pero las revisiones de los pronósticos sí indican una tendencia general.

En lo últimos días, la fundación de las cajas de ahorros, Funcas, ha recortado su expectativa para este año en dos décimas, hasta el 0,7%, y para 2012 el tijeretazo alcanza el medio punto, para limitar el alza del PIB al 1%. También el servicio de estudios del BBVA ha revisado a la baja sus previsiones, e incluso el propio Gobierno, por boca del secretario de Estado de Economía, admite un empeoramiento de la situación: en una inusual declaración, José Manuel Campa ha reconocido que "será difícil" alcanzar el crecimiento previsto en abril por Moncloa, que alcanzaba el 1,3% para este año y el 2,3% para el próximo. Todo apunta a que el equipo económico que surja de las elecciones del 20 de noviembre tendrá tarea ardua por delante.

M. E. P.