COLUMNA

Jean-Claude Trichet, a la defensiva

Crisis es cambio y la gran recesión ha servido para que los bancos centrales bajen de su torre de marfil. En los años ochenta las crisis del petróleo desenfocó la misión de un banco central, pasando de un objetivo extenso de estabilidad a concentrarlo exclusivamente en la estabilidad de precios. La rueda de prensa de ayer de Jean-Claude Trichet es un buen ejemplo del cambio de paradigma que ha supuesto la crisis.

El banquero central salía a explicar su decisión de haber subido los tipos al 1,50% pero ¿a quién le importa el tipo de interés cuando buena parte de los agentes de la eurozona no acceden al crédito, entre ellos tres países? Por eso los inversores dudan ahora de que el BCE vaya a subir los tipos de nuevo este año y por eso el euríbor a un año lleva dos meses prácticamente estancado. Por eso también los periodistas durante la rueda de prensa solo preguntaron a Trichet por Grecia y Portugal.

De repente los banqueros centrales han abandonado el glamour del seguimiento de la inflación y se han tenido que meter en el alcantarillado del sistema para evitar su colapso. La estabilidad financiera es condición necesaria para que una economía de mercado mantenga una senda sostenible de crecimiento del tiempo y ahora esta es la prioridad en Europa. Hace un mes Trichet hizo una representación memorable de Solo ante el peligro y le plantó cara a Angela Merkel. "El BCE no aceptará un evento de crédito en Grecia". Merkel cedió y aceptó el plan Trichet de prolongar los vencimientos de manera voluntaria y sin quita. El problema es que las agencias de rating ahora dicen que el plan Trichet también es un evento de crédito. El presidente francés ha vuelto a mantener su retórica de que no aceptaremos un evento de crédito, pero al ser preguntado si aceptará deuda de la banca griega al descuento si las agencias lo consideran evento de crédito, ha sido muy transparente: "No respondo".

Los bancos centrales en Basilea II externalizaron la responsabilidad de la supervisión cediéndosela a las entidades y la de la evaluación del riesgo a las agencias de rating, metiéndolas en la regulación. Basilea III permitirá que los supervisores recuperen su responsabilidad pero mantienen externalizado la medición del riesgo. El problema es que ahora el dóberman de las agencias ha atacado a su dueño. Ayer Trichet dijo que las agencias son procíclicas y no son el sistema óptimo. Entonces ¿por qué las ha utilizado el BCE para demoler el mercado europeo de titulizaciones exigiendo y aceptando solo AAA al descuento? Sin darse cuenta, es la primera vez que el BCE reconoce que ha sido procíclico y copartícipe de la crisis.

El BCE tiene en su balance deuda pública y bancaria de los tres países intervenidos por valor de 300.000 millones. Todos reconocen ahora que la gestión de la crisis ha sido nefasta pero ya no se puede cambiar y si el BCE no hubiera actuado de prestador de última instancia, Europa habría padecido un Lehman II y una nueva recesión mundial.

Es el momento de contar la verdad a los ciudadanos y asumir responsabilidades. Grecia no puede pagar una deuda pública del 160% del PIB. Crédito viene del latín creer y los inversores ya no creen a los responsables europeos, incluido el BCE, y esperan la quita. Portugal tiene la mitad de deuda pública que Grecia y no es un bono basura pero seguirá teniendo externalidades negativas de la tragedia griega a la que urge dar una solución para acabar con el contagio.

El BCE debe liberarse del cinturón de castidad de las agencias para medir el riesgo soberano y asumir de nuevo una responsabilidad que siempre debería haber sido suya. Además, hay que preparar el quirófano para reestructurar Grecia. Su posible salida del euro crearía una crisis institucional sobre la viabilidad de la moneda única y sería sistémica, por lo que debe quedar fuera de las opciones. Cuando la deuda griega vuelva a una senda sostenible los socios europeos deben mantener el apoyo financiero para dar tiempo al país para recuperarse de la intervención. Parte de la ayuda debe formalizarse en un plan Marshall que permita al país volver a crecer. Y la banca debe tener cómodos plazos para digerir las pérdidas pero debe asumir su responsabilidad ya que sin su financiación los griegos no podrían haber hecho esa gestión tan nefasta. Esta es la principal responsabilidad de un banquero central. Si no les gusta, que se vayan a Silos y se dediquen a la meditación.

José Carlos Díez. Economista jefe de Intermoney