Sanidad generosa
Diga ahorro, no recortes". Estas fueron la palabras que empleó el presidente de la Generalitat Artur Mas en una entrevista televisiva en la cadena pública catalana para definir la política económica que está impulsando su Gobierno. Solo en esa "sanidad generosa", que él mismo definió durante la entrevista, debemos ahorrar 1.000 millones de euros durante este año.
Hasta ahí todos, o casi todos, de acuerdo. Cualquier gestor sanitario que sea responsable de una cuenta de resultados reconocerá que especialmente la parte pública de nuestro modelo sanitario necesita un reajuste urgente para sobrevivir. Una puesta al día que la haga más eficaz y eficiente, tal como ha señalado el consejero Boi Ruiz en numerosas ocasiones y al que hay que reconocer su valentía en un tema por el que todos sus predecesores, incluso del partido que representa, pasaron de puntillas en su momento.
Sin embargo, el calado de estas medidas, que afectan ni más ni menos que a la calidad en el servicio de un derecho universal de todas aquellas personas que reciban tratamiento médico en Cataluña, no pueden tomarse de forma unilateral, sin consultarla y sin un gran pacto sanitario ratificado por todos los actores vinculados y, lo más importante, sin la propuesta de un nuevo modelo a seguir sobre la mesa. Pacientes, profesionales, representantes de la sanidad pública, privada y concertada, empresas farmacéuticas y todos aquellos que tuviesen algo que decir deberían haber sido consultados en su momento y haber ratificado las medidas, que repito, era inevitable tomar.
Para muchos, lo que correspondía en estos cien días era lo que se ha hecho, aplicar medidas de choque que han desconcertado al ciudadano y soliviantado, cuando menos, a algunos colectivos sin los cuales no se podrá reducir el gasto y que ya están anunciando movilizaciones. Otros consideramos que no, que lo que correspondía era realizar un trabajo previo que una vez ratificado despejase el camino para mantener el excelente modelo de sanidad que todos disfrutamos.
Ahorremos pues; dejemos de construir hospitales y centros de salud; suprimamos camas temporal o definitivamente; agrupemos la oferta de especialidades; reduzcamos plantillas; ampliemos listas de espera; ahorremos en material quirúrgico; dejemos de cambiar las sábanas diariamente; suprimamos meriendas, etc. Así hasta llegar al recorte propuesto sin que merme la calidad del servicio pero, por favor, explíquennos a qué tendremos que atenernos después porque es mejor tener una propuesta de modelo sanitario ratificado por todos que 1.000 millones de euros en el bolsillo.
Eduardo Serrat. Gestor sanitario y gerente del Centro Médico QMS