Naoto Kan

Un político curtido en crisis

Lleva más de 30 años en la vida pública. De procedencia izquierdista y sin linaje político, el primer ministro nipón ha peleado duro por el liderazgo en el partido y se ha expuesto al escándalo. La catástrofe de Japón vuelve a ponerle a prueba

Un político curtido en crisis
Un político curtido en crisis

El mundo dirige su mirada a este hombre de 65 años. Cuando en junio del pasado año Naoto Kan se vio encumbrado de forma inesperada al frente del Gobierno de Japón, su ambición era realizar una reforma fiscal para poner freno al déficit presupuestario y la deuda pública de la tercera economía mundial. Hasta que el pasado 11 de marzo la tierra tembló. El terremoto de 9 grados, el mayor en Japón en 140 años, el posterior tsunami y la crisis en la central nuclear de Fukushima ha sumido al país en su peor crisis desde el final de la II Guerra Mundial. Hay miles de víctimas y desplazados. Kan, carácter decidido y buen orador, apelaba a ese espíritu del pueblo japonés ante la adversidad que hoy asombra al mundo. "No será fácil, pero superaremos esta crisis, como hemos hecho en el pasado".

Crece el temor a los efectos del accidente nuclear y también a las repercusiones sobre la debilitada economía japonesa. Con el terremoto ha aparecido el dinero especulativo. El yen se ha apreciado frente al dólar, hasta alcanzar su máxima cota desde la última contienda mundial. El ministro de Finanzas, Yoshihiko Noda, ha explicado que estas fluctuaciones repentinas en el valor del yen se deben a comportamientos "extremadamente especulativos" y sin "ninguna base". La situación ha llevado al G-7 a intervenir en el mercado de divisas por primera vez desde el año 2000, con el objetivo de contener la subida del yen. Al tiempo, Masaaki Shirakawa, gobernador del Banco de Japón (BoJ) ha intentado rebajar el pánico de los inversores en la Bolsa de Tokio inyectando liquidez.

Todos lidian con la complicada situación de un país de 128 millones de habitantes. Especialmente, Naoto Kan.

El primer ministro es un político veterano, conocido por su mal genio. Esta semana lo comprobaban los ejecutivos de Tepco, propietaria de la central de Fukushima, a los que un Kan enfurecido preguntaba: "¿Qué diablos está pasando?" Su temperamento le ha hecho merecedor en su país de apodos como Ira-Kan, en referencia a la segunda película de la serie Star Trek, La ira de Khan.

A diferencia de la mayoría de dirigentes japoneses -Koizumi y Hatoyama, al que sustituyó, entre ellos-, el primer ministro no tiene un linaje político. Su padre era un empresario de la provincia de Yamaguchi, en el suroeste del país. Kan se graduó en 1970 por el Instituto de Tecnología de Tokio y al año siguiente superó las pruebas que le cualificaron para trabajar como agente de derecho de patentes.

Se inició en la política desde diversas iniciativas sociales, como el ecologismo y el feminismo. Cosechó tres fracasos electorales, antes de ser elegido diputado en 1980 por el desaparecido Partido Social Demócrata Unido. Desde entonces, ha sido reelegido hasta en 10 ocasiones. Al principio, Kan era un humilde diputado izquierdista, a pesar de lo cual de vez en cuando se hacía notar en la Dieta con causas como la defensa de la Constitución. Fue en 1996, cuando el hoy primer ministro ganó gran popularidad a nivel nacional, cuando siendo ministro de Salud y Bienestar admitió la responsabilidad del Gobierno en un caso de transfusiones de sangre contaminada con el virus VIH en los años ochenta. En una acción sin precedentes, Kan pidió disculpas directamente a las víctimas. De la noche a la mañana, se convirtió en un político muy popular. Los votantes ya le señalaban en las encuestas como el próximo primer ministro.

Junto con Yukio Hatoyama fundó la formación que en 1998 adoptaría el nombre de Partido Democrático de Japón. Sin embargo, un escándalo sexual le apartó del liderazgo del partido. La prensa divulgó detalles de una supuesta relación con una presentadora de televisión, que fue desmentida por los afectados. El daño estaba hecho.

Kan quedó descabalgado del liderazgo del partido, que asumió Hatoyama. Durante el tiempo que pasó en la sombra, fue testigo del importante avance del partido, aunque insuficiente. Japón se rindió al carisma de Junichiro Koizumi, líder del Partido Liberal Demócrata.

Con él se midió en las elecciones legislativas de 2003. Sin éxito.

Al año siguiente, otro escándalo y nueva dimisión del PDJ. Se descubrió el impago de sus cotizaciones al sistema nacional de pensiones cuando era ministro de Salud. Arrepentido, Kan, budista confeso, se afeitó la cabeza, vistió un hábito blanco y un sombrero cónico y emprendió una peregrinación por los 88 templos de la isla Shikoku. Pasadas unas semanas, interrumpió la peregrinación para regresar a Tokio.

Cuando Hatoyama fue investido primer ministro en septiembre de 2009, Kan fue nombrado viceprimer ministro y encargado de un conjunto de áreas, entre ellas el Ministerio de Finanzas. Desde este cargo saltó de forma inesperada a la jefatura del Gobierno, tras la caída en junio pasado de Hatoyama.

El primer ministro japonés hace gala de su condición de "hombre ordinario", tan distinta de otros líderes del país. De ser ciertas las revelaciones de su mujer, Nobuko, el primer ministro no sabe cocinar ni el plato más simple. La señora Kan ha cuestionado, además, en un libro la capacidad de liderazgo de su marido. Con ella, que además es su prima carnal, tiene dos hijos; el mayor sigue sus pasos y ha intentando sin éxito obtener un escaño en las elecciones de 2003 y 2005.

Gran aficionado a los juegos de mesa tradicionales de su país, como el go, el shogi o el mahjong, Kan llegó a desarrollar y patentar una máquina de cálculo para este juego importado de China.

El terremoto le sorprendió en plena crisis política, con la oposición pidiéndole elecciones anticipadas. A ningún mandatario le gustaría estar en su pellejo. Pero no son pocos los que opinan que Naoto Kan puede salir fortalecido de la crisis nuclear.