El cruel destino de los héroes de Fukushima

El cruel destino de los héroes de Fukushima
El cruel destino de los héroes de Fukushima

La prueba de fuego. Es en las situaciones límite cuando se ve la verdadera naturaleza del ser humano. Todo ello se puede trasladar al mundo de la empresa. Los hay que huyen y se ponen a resguardo hasta que pasa la tormenta, y los hay que hacen frente al temporal sin importarles el riesgo. Son diferentes actitudes.

Los trabajadores de la central nuclear de Fukushima, que siguen a día de hoy intentando controlar la grave situación que se vive en la planta atómica, han entrado ya a formar parte de ese colectivo de elegidos para la gloria. El nivel de radicación es tan elevado dentro de la central que muchos de ellos han condenado su existencia, debido a las graves secuelas que conlleva una elevada exposición radiactiva. Al menos una veintena de trabajadores, la mayoría ingenieros de Tepco (Tokio Electric Power), propietaria de la planta, y el resto perteneciente a empresas subsidiarias, así como agentes de policía y bomberos, están contaminados por la radiación. Todos ellos están dando una gran lección de liderazgo.

"Tienen una gran disciplina y autocontrol y, a pesar de que están viviendo una catástrofe terrible no dan muestras de pánico", afirma el profesor del IESE, experto en dirección de personas y liderazgo Yih-Teen Lee. Lo más admirable, además de la calma que emanan, es el sentido de colectividad que tienen. "Japón es un país acostumbrado a vivir distintos tipos de emergencias, de diferentes niveles, por tanto, disponen de protocolos para proteger a los empleados, pero estos a su vez tienen muy arraigado el sentimiento del deber, y en este caso el de proteger a la comunidad". Es lo que está haciendo, a la desesperada, el colectivo de ingenieros y de empleados de Fukushima. Ponen en riesgo su vida a cambio de salvar otras.