Gobierno y banco central usarán todos sus recursos para afrontar la catástrofe

Los efectos del terremoto japonés: más deuda y la puntilla a la recuperación

En medio de la tragedia humana, los analistas no se ponen de acuerdo sobre el posible impacto en la economía de Japón. Hay consenso en que el momento no podía ser peor, pero hay esperanzas de que el golpe financiero no confirme los temores más negros. Eso sí, a corto plazo no hay duda: se elevará el gasto público y la recuperación se frenará.

Explosión en la planta nuclear de Fukushima en Japón, tras el terremoto
Explosión en la planta nuclear de Fukushima en Japón, tras el terremoto

Mientras los equipos de rescate siguen buscando desaparecidos y los habitantes de Japón viven sus horas más dramáticas, los expertos intentan desentrañar las implicaciones económicas del terremoto más devastador de la historia del país.

"Lo ocurrido es realmente lo peor que podía pasarle a Japón y en el peor momento", sentenció ayer el ubicuo experto mundial Nouriel Roubini, en declaraciones a la agencia Bloomerg. Muy polémico en otras ocasiones, el controvertido analista que se hizo famoso por anticipar la crisis económica mundial no ha podido generar más consenso en este caso.

Y es que pocos dudan de que el terremoto y el posterior tsunami han golpeado la economía de Japón en su momento más débil. Las recetas ante una catástrofe de esta magnitud pasan por incrementar el gasto público para hacer frente a los costes de la reconstrucción de la zona y poner todo el dinero posible en el mercado para aumentar la liquidez. Así lo va a hacer el Gobierno nipón, que no dudó ayer en afirmar que el fondo de 5.000 millones de euros para hacer frente a catástrofes naturales se ampliará lo que sea necesario. ¿Hasta qué cantidad? El Ejecutivo esperará a valorar el impacto del terremoto, aunque fuentes del Ministerio de Finanzas han adelantado a Bloomberg que la cifra puede llegar a los 9.000 millones. También el Banco de Japón conoce su cometido y ha prometido hacer todo lo posible para proveer liquidez al sistema.

La puntilla a la incipiente recuperació

El problema es que el margen de maniobra es limitado. Japón es el país más endeudado del mundo desarrollado, con un pasivo que llega al 200% del PIB y un déficit del 10%. En estas condiciones, cualquier aumento del gasto público cargará aún más las tintas, lo que forzará un endeudamiento más caro y pondrá al país en el punto de mira de las agencias de rating, muy recelosas de la ortodoxia financiera nipona en los últimos tiempos. Y tampoco el banco central tiene demasiada holgura, con unos tipos de interés que ya están en el 0% en un intento de combatir la deflación que atenaza la nación.

Con estos mimbres, varios analistas dan por hecho que el terremoto será la puntilla que ponga punto final a la incipiente recuperación de la economía japonesa. En el último trimestre del año pasado, el PIB se contrajo un 1,3% en tasa anual, pero los primeros meses de 2011 anticipaban un rebote. Ahora está en tela de juicio, tras el cierre de factorías, paradas de producción sobre todo automovilística y demás daños derivados del terremoto. Eso en el corto plazo; a medio término está el impacto de las políticas monetarias y de gasto público.

Tampoco el panorama para la divisa es más positivo. El yen se apreció ayer frente al dólar, un movimiento que anticipa la venta de divisas y activos extranjeros de los habitantes e instituciones japoneses para afrontar la reconstrucción en yenes. Y si se mira a las principales posiciones que tiene Japón en bonos extranjeros, los de Estados Unidos aparecen en primer lugar. Esos datos hacen pensar en un mantenimiento de la fortaleza del yen a corto plazo, algo que va en contra de su economía en estos momentos.

Algunos datos positivos

Pese a este escenario, no todos los análisis son negativos a medio plazo para las finanzas niponas. Es cierto que el futuro más inmediato está teñido de negro, pero varios expertos reconocen que un aumento del gasto público y una relajación monetaria aún mayor puede tener efectos beneficiosos para la economía japonesa.

Los más optimistas recuerdan el terremoto de Kobe, que afectó a esta ciudad portuaria en enero de 1995. Mientras que la producción industrial japonesa cayó un 2,6% en el mes del seísmo, rebotó un 2,2% el siguiente y un 1% en marzo, rememoraba ayer Richard Jerram, responsable para Asia de Macquarie, en declaraciones a Bloomberg. Y la zona afectada por el desastre de ayer representa una parte más pequeña de la economía de lo que suponía Kobe. Si entonces se pudo, por qué no ahora.