COLUMNA

El examen secreto de RBS

El examen de la Autoridad de Servicios Financieros (FSA) al Royal Bank of Scotland debería publicarse. El regulador argumenta que no puede emitir los resultados de su investigación por las leyes de confidencialidad. Pero las autoridades deben buscar una solución. La publicación de cómo el banco y los reguladores fallaron es esencial para aprender las lecciones de la crisis.

El problema es que la misión de investigación de FSA fue estrictamente delimitada frente a la de Northern Rock, a la cual se le permitió publicar detalles morbosos: la investigación era una evaluación interna sobre la propia FSA. La de RBS refleja que era externa y significa que tiene que cumplir con la ley de Servicio Financiero y de Mercados de 2000, que establece que la información confidencial recogida por los reguladores no puede divulgarse.

Hay, sin embargo, algunas excepciones. Por desgracia el interés público no es uno de ellos. Aún así, puede publicarse si existen "medidas coercitivas" y en caso de que un banco permita su divulgación. No está claro si el regulador pidió permiso a RBS, y en caso afirmativo, si se le negó. Pero el 83% de RBS es propiedad el Gobierno y si las autoridades están interesadas realmente en la transparencia podrían haber encontrado una forma de torcer el brazo a RBS.

Aún cuando este informe no salga a la luz -que sería una vergüenza-, existe una oportunidad para reformar la ley y que el manto de confidencialidad se elimine cuando exista un fuerte interés público por la transparencia.

Nicholas Dunbar