Crisis en la deuda soberana

Merkel aprieta el cinturón de la Europa periférica

El posible rescate de Dublín está llamado a endurecerse en 2013.

El número 43 de la avenida John F. Kennedy en Luxemburgo se ha convertido para los ministros de Economía de la Unión Europea en una de esas direcciones que siempre conviene tener a mano, aunque con la esperanza de nunca tener que recurrir a ella.

En esa desapacible y ruidosa avenida, junto a una galería comercial que sirve de alivio a los funcionarios o los periodistas que se desplazan hasta el Gran Ducado para las reuniones del Ecofin (consejo de ministros de Economía y Finanzas de la UE), se ha instalado el pomposo y efímero European Financial Stability Facility (EFSF). Es decir, un Fondo de rescate, disponible hasta el 30 de junio de 2013 para los países de la zona euro que, como Irlanda en estos momentos, afronten tipos de interés en la deuda pública de casi dos dígitos.

La creación del Fondo se decidió a toda prisa el pasado 7 de mayo a raíz de la primera crisis del euro. Y la urgencia permitió que se impusieran las tesis más benévolas (defendidas por Francia o España), partidarias de dotar a la zona euro de un instrumento de solidaridad frente a las turbulencias financieras.

Pero ahora, con tres años por delante, Berlín quiere reconvertir el mecanismo en un potro de tortura fiscal cuya contemplación espante tanto a los países supuestamente manirrotos como a los temerarios inversores que les presten dinero. Para lograrlo, el Gobierno de Angela Merkel está empeñado en que el futuro fondo incluya de oficio la reestructuración de la deuda. Un disparate cuya sola mención, según el Banco Central Europeo, puede desestabilizar los mercados de deuda soberana. Y una amenaza que, según algunos análisis, explica, con tres años de antelación, la repentina espiral en el riesgo de la deuda irlandesa y portuguesa. El anuncio de su creación en la última cumbre (octubre) parece haber bastado para neutralizar el efecto balsámico que tuvo la puesta en marcha en agosto del EFSF.

El arsenal del EFSF, todavía por estrenar, asciende a 440.000 millones de euros, avalados en partes alícuotas por los 16 países de la Unión Monetaria (a Alemania, por ejemplo, le corresponden 119.390 millones de euros y a España, 52.352 millones). Sigue intacto tres meses después de su nacimiento. Pero el presidente de la comisión Europea, José Manuel Barroso, recordó ayer, en alusión a Dublín, que "todos los mecanismos están listos para activarse" tan pronto como una capital lo solicite.

Las apuestas del mercado apuntan a que el moribundo Gobierno de Brian Cowen disfrutará el triste honor de acudir por primera vez a la luxemburguesa avenida Kennedy (para Grecia, el primer país del euro expulsado del mercado, se creó en mayo una caja ad hoc con 110.000 millones de euros aportados por la UE y el FMI).

Al Gobierno irlandés, si finalmente se decide a gritar help!, le espera un doloroso ajuste económico para poder acceder a los recursos del Fondo. La activación requiere que el país en dificultades negocie previamente, durante tres o cuatro semanas, un programa de austeridad y reformas con la Comisión Europea, el FMI y el BCE (en el caso de Irlanda, ese plazo podría estar corriendo porque las instituciones europeas mantienen ya "un seguimiento permanente" de la situación irlandesa).

Los compromisos del Gobierno socorrido se plasmarían en un memorándum de entendimiento. Y los ministros de Economía de la zona Euro, por unanimidad, aprueban a continuación la cantidad del préstamo que se concede al maltrecho socio, su coste y madurez, y el número de entregas condicionadas al cumplimiento de los compromisos. Desde ese momento, el EFSF asegura que sólo necesita "unos días" para movilizar los recursos necesarios, que se obtendrán mediante la emisión de bonos (con la mencionada garantía alícuota) a los que las tres principales agencias de calificación han concedido el máximo rating.

Todo el proceso se realiza bajo la estricta tutela de Berlín. Merkel ha logrado que el Fondo lo dirija un funcionario germano, Klaus Regling (ex jefe de Gabinete del comisario de Economía Pedro Solbes hasta 2004). Y que el Tesoro alemán gestione la emisión. Si la canciller se sale con la suya, en 2013 las condiciones de solidaridad también serán a la alemana.