Cumbre del G-20

La unidad de acción mundial queda en el aire en las horas previas a la cita de Seúl

La unidad del G-20 está en el aire y las grietas se harán evidentes en la cumbre que se celebra mañana y el viernes en Seúl. Los compromisos de reequilibrio de los déficits por cuenta corriente y la no manipulación de divisas acordados por los ministros del G-20 hace un mes, llegan torpedeados a una cumbre en la que EE UU y la Fed acaparan las críticas.

Las promesas de unidad de 2009 en Londres son un recuerdo lejano y en Seúl, el G-20 va a poner en evidencia la falta de sintonía entre las grandes economías del mundo. Es algo que puede impedir la paz en la guerra de divisas y complicar, con una vuelta al proteccionismo, el fin de la crisis.

El arsenal de declaraciones previas por parte de los jefes de Gobierno que van a participar de ella anticipa unos resultados muy pobres. El hecho es que las críticas entre países se han disparado sobre todo desde que la Fed de EE UU pusiera en marcha la semana pasada una segunda ronda de política monetaria cuantitativa para inyectar liquidez y tratar de estimular a la primera economía del mundo.

Ante esta medida, países como Alemania y China se han enrocado frente a EE UU a quien acusan de manipular el dólar para hacer más competitivas sus exportaciones. La situación es complicada porque EE UU no hace más que demandar a Pekín que deje de manipular su moneda, el renminbi. Pide tanto a las autoridades chinas como a las alemanas que alimenten su demanda interna para reducir su alto superávit comercial.

Pero la división hace prever que no pueda alcanzarse la iniciativa del Tesoro de EE UU de llegar a un acuerdo para reequilibrar las cuentas corrientes, lo que tendría un impacto en las divisas. Tim Geithner, secretario del Tesoro, quiere que este acuerdo salga adelante incluso sin un objetivo numérico, algo que ya descartó él mismo. El presidente de Corea, Lee Myung-bak, anfitrión de la cumbre cree que tal acuerdo no sería ni rápido ni fácil de conseguir en dos días.

Y la canciller alemana, Angela Merkel llega a Seúl con poco ánimo para ello. Merkel ha declarado a Die Welt que el superávit comercial de su país es producto del libre mercado y de lo competitivo que es el "made in Germany", no de movimientos de divisas.

Merkel, no indicó que tuviera prisa en rebajar su saldo positivo comercial. Wolfgang Schaeuble, su ministro de Finanzas, acusó a la Fed de "no tener ideas" y de hacer lo mismo que China. Schaeuble, que ahora lidia, como el resto de la UE con un euro más fuerte frente al dólar pese a la renovada crisis de confianza en Irlanda y Portugal, ha afirmado que el modelo de crecimiento americano está "en crisis profunda".

El vicepresidente de la Comisión Europea Joaquín Almunia advirtió ayer a EE UU que sólo se saldrá de la crisis de forma coordinada y que es bueno recibir estímulos pero no con acciones que aprecien artificialmente el euro.

China hace críticas disonantes

China llega a la cumbre de Seúl en una relativamente cómoda situación. La expansión monetaria de la Fed ha granjeado tantos enemigos a EE UU (Japón, Alemania, Brasil...) como su intervención en su divisa. De hecho, la Fed ha oscurecido y, en cierta medida desplazado, el debate sobre el renminbi (yuan) permitiendo a los responsables de la política económica y monetaria de Pekín devolver la continua crítica a Washington de una forma, eso si, algo disonante.

El viceministro chino de asuntos exteriores, Cui Tiankai dijo hace unos días que la política de la Fed va a perjudicar a la confianza global y demandó una explicación oficial de las autoridades monetarias.

Mientras, el viceministro de finanzas Wang Jun, afirmó en Japón que los países deben estar vigilantes al "exceso de movimientos volátiles desordenados", algo que no afecta al intervenido renminbi. Wang quiso, no obstante aprovechar para tender una mano a Washington: "Prestamos atención a la política de EE UU, una política cuyo objetivo es animar el crecimiento del país, lo que ayudará a la recuperación global".

Acuerdos para impulsar la reforma financiera

La agenda de los líderes del G-20 en Seúl tiene, además de cuestiones macroeconómicas, varias iniciativas que revisar y aprobar para impulsar una reforma financiera a nivel global. Se trata de poner los cimientos de un marco regulatorio que impida una crisis como la actual y que tiene una de sus piezas fundamentales en los recientes acuerdos de Basilea III para reforzar y endurecer la capitalización mínima de la banca.

Está previsto que estos acuerdos aprobados en septiembre sean ratificados por la cumbre del G-20 en Corea del Sur y que se califiquen como uno de los mayores avances para la estabilidad financiera por más que no estén en pleno vigor hasta 2019 dado el largo periodo que deja Basilea a la banca para adoptar los cambios.

Una de las cuestiones sobre la que se esperan solo pequeños avances, dadas las discrepancias sobre los detalles es el mandato para supervisar a las entidades "sistémicamente importantes", o "demasiado grandes como para dejarlas caer". El Consejo de Estabilidad Financiera va a presentar recomendaciones que van a afectar a una treintena de entidades de todo el mundo (la mayoría estadounidenses) cuya debilidad podría desestabilizar el sistema como ocurrió con Lehman Brothers o podría haber pasado con AIG.

El G-20 ha acordado asumir como obligatorio un régimen de resolución de conflictos en estas entidades en el momento en el que haya acuerdo sobre ello y existe también el compromiso de reforzar la supervisión sobre estas sociedades.

El Consejo de Estabilidad Financiera también ha propuesto reducir "la dependencia automática en las agencias de rating" y que las obligatoriedad de estas se obvien y busquen alternativas de medición de la capacidad crediticia.

Derivados. La cita dará un espaldarazo a una propuesta del Consejo de Estabilidad Financiera que obliga a asumir plazos para que los países refuercen la supervisión en los mercados de derivados y se estandaricen los contratos con el fin de dar transparencia a la intermediación.