COLUMNA

Edulcorante para General Motors

General Motors ha elegido el momento ideal para recortar balance. Los ejecutivos de la automovilística están preparando para después de las elecciones del martes el road show de la oferta pública de mediados de noviembre. La reducción del balance en 11.000 millones de dólares debería animar a los inversores a fijarse menos en los pasivos y más en su activo principal: coches.

La quiebra del pasado año financiada con fondos públicos acabó con una deuda millonaria. Aunque el rescate inyectó suficiente liquidez para devolver a GM a la carretera. Pero no todo está solucionado. Adeuda 2.800 millones al fideicomiso creado para administrar la atención médica de los jubilados que se acaba de cancelar.

También planean, una vez se haya completado la OPV, repescar los 2.100 millones de dólares en acciones preferentes en manos del Tesoro. Combinado con el coste médico, se liberarían unos 500 millones de dólares anuales en intereses y dividendos.

Más sorprendente es la decisión de inyectar 6.000 millones en los planes de pensiones, usando acciones para financiar un tercio. Lo que sugiere que la nueva gestión está más decidida a solucionar los problemas financieros que la anterior. El problema de las pensiones quedó sin solución con la bancarrota y en junio de 2010 estaban infradotadas en 16.000 millones para los EE UU y en otros 10.000 millones en el resto de países donde están presentes. Pero la compañía no tenía obligación de actuar por otros cuatro años.

GM tiene que hacer frente a 4.000 millones por las preferentes, 9.300 millones de obligaciones con los pensionistas y un marcado agujero en las pensiones. Pero si juegan bien las bazas, será algo menor, permitiendo focalizar a los inversores en lo que saben hacer bien: fabricar coches.

Antony Currie